Se pueden depreciar activos usados que ya han superado la vida útil depreciable

La norma tributaria colombiana (decreto 3019 de 1989) fijó la vida útil de los activos con base a la cual se debe realizar la depreciación de los mismos, lo que en principio impediría que un activo usado pueda ser depreciado si este ya ha superado la vida útil reglamentaria, lo que según el consejo de estado no es necesariamente correcto.

El artículo 139 del estatuto tributario que regula la depreciación de los activos usados dice que:

Cuando se adquiera un bien que haya estado en uso, el adquirente puede calcular razonablemente el resto de vida útil probable para amortizar su costo de adquisición.

La vida útil así calculada, sumada a la transcurrida durante el uso de anteriores propietarios, no puede ser inferior a la contemplada para bienes nuevos en el reglamento.

La norma permite al contribuyente que adquiere un activo usado, calcular la vida útil que le sobrevive al activo, y afirma que la vida útil “recalculada” sumada con la vida útil consumida por el anterior propietario, no puede ser inferior a la vida útil fijada en la ley, más no impide que la vida útil resultante sea superior, lo que permite que un activo usado que ha sido completamente depreciado o que haya transcurrido la vida útil de ley,  pueda ser depreciado nuevamente por el nuevo propietario, puesto que  este para adquirirlo debió pagar un valor que se constituye en su nuevo costo fiscal susceptible de ser depreciado, puesto que se debe reconocer el desgaste que el activo sufrirá en ocasión al uso que el contribuyente haga de él.

La sección cuarta del consejo de estado en sentencia 19184 del 18 de julio de 2013, con ponencia de la magistrada Carmen Teresa Ortiz abordó un caso en el que se discutía la posibilidad de clasificar como depreciable un activo adquirido que se había construido hacía más de 25 años, por lo que se pensaría que ya no se podía depreciar, sobre lo que reflexionó la sala:

Es así, porque dichos bienes corresponden a inmuebles adquiridos para desarrollar la industria avícola a la que se dedica dicha empresa, conservan las condiciones de uso para ello y, por tanto, pueden depreciarse calculando razonadamente su resto de vida útil probable, en la medida en que no se ha producido el desgaste natural suficiente para considerarlos inutilizables o desechables. Lo anterior, unido a que la defensa no probó concretamente que los activos adquiridos carecieran de las condiciones anteriormente advertidas, reviste de procedencia a la deducción rechazada y desvirtúa la presunción de legalidad de los actos demandados.

La jurisprudencia reconoce que si bien ha podido pasar más tiempo del que permite depreciar, siempre que el activo esté en condiciones de ser utilizado, es susceptible de ser depreciado.

Este criterio es apenas lógico, y para demostrarlo supongamos el siguiente sencillo ejemplo:

Se compra un vehículo de 6 años de antigüedad por un valor de $20.000.000.

Es natural que el anterior propietario debió depreciar el 100% de su vehículo, pero para el nuevo propietario eso no es importante, porque lo que se ha de tener en cuenta es la inversión de $20.000.000 que  hizo para adquirir el vehículo usado, y como el vehículo está en condiciones de utilizarse y se va a utilizar, el nuevo propietario tiene todo el derecho de reconocer el desgaste natural que el vehículo seguirá sufriendo por el uso que de él se haga, con el objetivo de amortizar la inversión que hiciera en su adquisición, que es precisamente lo que la ley  quiso cuando creó la figura de la depreciación.

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