“Sentirnos solos duele, pero duele más que nos olviden aquellos que nosotros no podemos olvidar…”

Salía todas las mañanas y regresaba cuando las sombras de la noche ya envolvían la ciudad. Para los vecinos se había vuelto costumbre encontrársela en los pasillos y en los ascensores del edificio en el que vivía. Su figura encorvada y menuda se movía  lentamente y con dificultad y por eso ya se había vuelto inconfundible aún en la distancia.

Vivía sola, y que se sepa, en muchos años nadie se acercó a la portería a pedir que  le anunciaran su visita. Algunas veces se le escuchó decir que había llegado al Conjunto 15 años atrás; que se había mudado a ese lugar después de que falleciera su esposo; que tenía tres hijos, todos profesionales, que residían en el exterior.

Aunque Teresa saludaba con amabilidad, no entablaba conversación con nadie; su rostro era adusto y bien cuidado, se maquillaba con cierta vanidad, su vestimenta, aunque modesta, lucía siempre limpia. Nadie sabía su edad pero algunos  le calculaban unos 75 años. Vivía de la pensión que le habida dejado su compañero de toda la vida. Su mirada era triste y vaga.

De pronto Teresa dejó de caminar por los pasillos, pero nadie notó su ausencia. Solo cuando un olor a muerto se empezó a percibir en el ambiente, los habitantes del conjunto cayeron en la cuenta de que hacía varios días que no veían a Teresa.  Todos coincidieron en que el olor era de cadáver porque, según se dice,  quien haya percibido alguna vez el olor a muerto no lo olvidará jamás, es un olor que cuando llega se queda grabado para siempre en la memoria olfativa.

Alarmados por esas dos situaciones, la ausencia de Teresa y el olor a muerto, sus vecinos trataron de abrir la puerta de su apartamento pero no lo lograron,  entonces llamaron a los bomberos. Estos se deslizaron por la fachada del edificio y finalmente entraron al apartamento por una ventana que Teresa últimamente venía dejando abierta, allí encontraron tendido en el piso de la sala el cuerpo sin vida de Teresa, que según dictamen de los forenses ya llevaba varios días de haber fallecido.

Nadie lloró la muerte de Teresa. La administración del edificio contrató con una funeraria los servicios fúnebres y el cadáver recibió cristiana sepultura.  Nadie asistió al entierro pues el olor apestaba. Los  vecinos le regalaron desde la distancia unas cuantas oraciones, pero para Teresa no hubo novenario ni responsos ni  misas de nueve noches.

Los bomberos reportaron el evento a las autoridades y a la prensa, y ésta  lo publicó sin mayor despliegue, aunque si se ocupó en mostrar cómo cada día crecen las estadísticas sobre los fallecimientos de personas ancianas que viven solas.

Según los registros de la prensa, las cifras muestran que la mayoría de estos casos corresponde a mujeres, pues las estadísticas indican que los hombres mueren más temprano que las mujeres,  y los que sobreviven a sus compañeras se van pronto, pues les resulta muy difícil vivir sin ellas. Las cifras también cuentan que buena parte de éstas personas tienen hijos y nietos.

Lo anterior muestra una tendencia: cada vez son menos los hijos mayores  que viven con sus padres, o sea, que la familia extendida (formada por padres, hijos, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.) ya es cosa del pasado, y que el protagonismo lo tienen ahora la familia nuclear (padre, madre e hijos) y la monoparental (padre e hijos o madre e hijos).

Los viejos, por su parte,  vienen siendo relegados  a  hogares geriátricos o a vivir solos en pequeños apartamentos. Pareciera que la vejez y el aislamiento tuvieran que juntarse para recorrer ambos el mismo camino. En los dos casos, la soledad y la nostalgia los golpea, pues nadie construye un hogar ni cría unos hijos  para luego vivir solo, sobre todo cuando las fuerzas ya han declinado y del pasado sólo quedan los recuerdos. ¡Y a veces ni siquiera éstos!

Cuando la mujer desempeñaba su rol de esposa y madre de tiempo completo, el hogar abrigaba también a los abuelos pues había tiempo y espacio para ellos. Cuando las cosas cambiaron, y la mujer tuvo que salir a trabajar, todos los miembros del hogar resultaron damnificados. La mujer ahora es doblemente explotada: en el trabajo y en el hogar, el marido ahora tiene mujer por ratos, los hijos llegan del colegio y rápido “cogen la calle” en la que abundan los peligros, y los abuelos…ya nadie sabe qué hacer con ellos, o mejor dicho, sí saben: para eso los jóvenes se inventaron los geriátricos.

Olvidaba decir que encima de la mesa de noche de Teresa había una lámpara, un portarretratos con tres fotos de dos hombres y una mujer. Eran sus hijos. Y una nota escrita a mano que decía: “Les entregué todo mi amor, me  lancé al vacío sin dudarlo, y cuando ya estaba cayendo me di cuenta de que abajo no había nadie para recibirme”.

(Para escribir este comentario me basé en una información publicada por MSNy en una frase filosófica del Suecko).

MÁS SOBRE

Gerencie.com en su correo.

Suscríbase y nosotros colocaremos en su bandeja de entrada la mejor información que generamos diariamente.

Siéntase libre de opinar

8 Opiniones
  1. adriana dice:

    La verdad es que la humanidad esta tan vacia, fria, dispersa que no comprende el significaado de amor, union, compromiso con el otro, lealtal, solidaridad; aun cuando con estas valores es que el ser humano es reconocido como ser racional.

    Es triste saber que quien nos da la vida no recibe en su vejez un segundo de todo aquello que nos entrego para hacernos personas lo que sucede es que no parecemos humanos solo seres frios con imposicion de altivez.

  2. MARIAM GARZON dice:

    En Colombia sin mas las viudas que los viudos, esto nos hace reflexionar que el primer lugar debe ser para Dios, el siempre esta y no tiene ingratitud. Conozco señoras que viven solas y son felices por que colaboran en fundaciones o se dedican a orar por otras personas y el hecho de servir a los demás las sostiene

  3. Olga Uribe dice:

    Queda una tristeza y un vacío indescriptible..... Gracias por tan hermoso artículo.

  4. Sinforoso Picon dice:

    Las empresas tratan al personal de la misma forma, le damos todo lo que tenemos y........

    • adriana dice:

      la situacion de las empresas es dar y dar pero cuando el colaborador como ser humano necesita y no por un rato si no una ayuda constante entonces deja de ser atractivo este ser que ayudo a recibir ingresos y entrego sus mejores años de trabajo.

  5. José Jainer Arias Vera dice:

    Sin más.......

  6. Andrés García dice:

    Sin palabras. Gracias por compartir.

  7. Fernando Garcia dice:

    Que buen articulo. Triste realidad de los ancianos...

En Gerencie.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces. Si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador. Por último, trate de no escribir en mayúscula sostenida, resulta muy difícil leerle.