Si levantan los bloqueos los escucharemos, frase que indigna

Cada vez que hay un paro de cualquier sector por cualquier motivo, que por alguna razón siempre han sido los mismos motivos por décadas, sale el gobierno de turno a decirle a los manifestantes que si levantan los bloqueos los escucharán, que por las malas na de na, frase manida, de cajón que causa indignación.

Si por las malas no escuchan, ¿por qué no escucharon por las buenas? Toda movilización se prepara y se anuncia  durante meses,  tiempo que nunca es suficiente para que el gobierno escuche.

Es evidente que si el gobierno había sido notificado con mucho tiempo de anticipación de la decisión de algunos sectores sociales de hacer un paro, y de hecho las enviaron decenas de delegaciones y peticiones, no es de recibo ahora que salgan con el cuento de que no los escucharán hasta que levanten los bloqueos, puesto que durante meses quedó claro que el gobierno no tenía ninguna intención de escuchar a los inconformes, que los ignoró y hasta los amenazó, y  en muchos casos los asesinó. Ante esta realidad, indigna que un funcionario público salga a decir que con terroristas que tiran piedras y tapan vías no negociarán cuando todos saben que por las buenas y de rodillas no escucharon.

¿Qué razón superior lleva a un funcionario público, a un político, a ignorar a quienes reclaman pacífica e insistentemente unos derechos o planten una inconformidad? ¿Por qué tomar del pelo a la sociedad hasta obligarla a protestar violentamente? Si las inconformidades fueran escuchadas a su debido tiempo no se llegaría a situaciones de bloqueo. Es algo tan obvio que cuesta creer que no sea entendido por un político. Sólo la mala fe y el absoluto desprecio por las mayorías justifican tal situación.

La arrogancia del gobierno frente a las manifestaciones y la forma como ignora y desprecia a los manifestantes, hace que la sociedad pierda toda confianza con el sistema institucional y recurra a vías de hecho como último recurso antes de resignarse a vivir en la indigencia, a morir de hambre o de una enfermedad a la que no puede curar por no tener dinero para pagar su tratamiento. Parece ser que una paliza del Esmad es más dignificante que vivir en la miseria ante la indiferencia absoluta del gobierno.

Y a propósito del Esmad, mirarlos actuar recuerda de alguna forma las películas del oeste americano donde un grupo de pistoleros hacen el trabajo sucio del  ranchero malvado del pueblo. Golpear a una persona reducida e indefensa, robar alimentos, destruir ropa y enseres a los manifestantes, y hacerlo incluso desde un helicóptero, no hace parte de la obligación que tiene la policía de mantener el control y el orden.

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