Sobre el papel que juegan los inspectores de trabajo

Frente a la reclamación que hace el trabajador ante la oficina de Trabajo por el no pago de sus prestaciones sociales (lo que la gente llama comúnmente “liquidación”), es muy poco lo que puede hacer el Inspector. Así por ejemplo, si en una audiencia de conciliación el empleador reconoce expresamente que no le ha cancelado al trabajador sus prestaciones, el funcionario no puede hacer nada distinto de recomendarle que pague, pues no lo puede obligar ni lo puede sancionar. En ese escenario, el Inspector es apenas un facilitador, un conciliador que busca que las partes arreglen sus diferencias a las buenas y se eviten así enfrentar procesos judiciales. Desde luego que un inspector bien “pilo” y audaz, puede, a través de propuestas bien argumentadas, inducir a las partes a un arreglo. Conozco casos en los que el empleador llega a la audiencia sin ningún ánimo conciliatorio, y termina conciliando gracias a la gestión del Inspector. Pero también hay inspectores desobligados y perezosos que tan pronto el empleador muestra cierto desgano hacia un posible arreglo, inmediatamente hacen el acta de no conciliación, olvidándose de que su misión es promover, impulsar, procurar y provocar la conciliación.

Y ya que estamos en este tema, vale la pena criticar aquí la pasividad con la que algunos inspectores permiten que empleadores abusivos “se lleven en los cachos” a los trabajadores mediante acuerdos totalmente ventajosos para los primeros y abiertamente lesivos para los segundos. Así por ejemplo, sé de casos en que se concilia por sumas irrisorias y se difiere su pago a muchas cuotas, por ejemplo se concilia por $ 600.000 y se pacta que su pago se hará en 12 cuotas mensuales de $ 50.000. Eso me parece insólito e inaceptable.

Ahora bien, cuando asisto a un trabajador en una audiencia de ese tipo, siempre exijo que se pacte, ahí mismo, que en caso de incumplimiento el empleador deberá pagar al trabajador un día de salario por cada día de mora, a partir de la fecha convenida para el pago. Y si el empleador no acepta esa propuesta, propongo entonces el pago de intereses moratorios. Y si el empresario se niega también a ello, deduzco entonces que su intención es no cumplir y no pierdo más tiempo y le sugiero a mi cliente que provoque el fracaso de la conciliación.

Sobre este tema hay mucho de qué hablar, ya nos ocuparemos de ello en otra oportunidad.

Comentario del señor Alonso Riobó Rubio, abogado laboralista

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