Tratándose de impuestos lo que conviene no es necesario ni indispensable

En Colombia ser buen empleador y esmerarse por conseguir o retener clientes es penalizado por el estado, puesto que impide que cualquier gasto en que se incurra con esos propósitos se pueda deducir del impuesto a la renta, lo que tiene un efecto directo en la productividad de las empresas.

El estado no quiere que la empresa le dé al trabajador más de lo estrictamente necesario, y si lo hace, lo debe hacer por su cuenta y riesgo puesto que no le acepta esos gastos como deducibles. ¿Darle al trabajador regalos para sus hijos en navidad? Ni pensarlo. ¿Subsidiarle la universidad o la atención médica a la familia del trabajador? Es no se permite. Puede hacerlo pero por eso no pagará menos impuestos.

Sucede lo mismo con los clientes. El estado no consiente que la empresa invite a un cliente a un almuerzo, ni mucho menos que le regale una botella de Wisky. ¿Pagarle unas vacaciones al mejor cliente de la empresa que le factura miles de millones de pesos? No señor, puede hacerlo pero págueme los impuestos antes de comprar los tiquetes.

Esta posición la refleja maravillosamente la sección cuarta del Consejo de estado en sentencia del 27 de enero de 2011, radicación 17187 con ponencia del magistrado William Giraldo:

“Conforme al anterior criterio, la Sala ha considerado que gastos tales como cuotas de sostenimiento a clubes, gastos en restaurantes, hoteles e incentivos a los empleados, entre otros, no son deducibles, en la medida en que no son gastos necesarios para desarrollar la actividad productora de renta. El hecho de que tales pagos sean convenientes para impulsar una estrategia comercial, no obvia el cumplimiento de los requisitos previstos en el artículo 107 del Estatuto Tributario, pues la conveniencia no los hace indispensables o necesarios para poder desarrollar la actividad productora de renta hasta el punto de entender que sin ellos no sea posible obtenerla. Tampoco los gastos que realizan los contribuyentes para bienestar y comodidad de sus empleados tienen relación de causalidad con la actividad productora de renta de la actora, pues si bien pueden servir como motivación o incentivo, o para mantener buenas relaciones públicas y comerciales, no son necesarios para el desarrollo del objeto social.”

No obstante, los magistrados si consideran necesario irse para Cartagena con todos los gastos pagos por el estado para supuestamente sesionar,  actualizarse, estudiar, o tal vez simplemente a descansar. Para ellos sí es necesario trabajar rodeando una botella de wisky de $1.500.000…

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