Triangulo de la inversión

A la hora de valorar una inversión, no es suficiente  recurrir al tradicional binomio  rentabilidad riesgo.  Es cierto que  toda  inversión está sujeta a estos dos parámetros antagónicos, de forma que una mayor rentabilidad viene acompañada de una  mayor exposición al  riesgo y, por tanto, de una menor seguridad.  Pero en el caso de las inversiones financieras, necesariamente se ha de añadir un tercer  parámetro en el análisis, que afecta a los dos anteriores: la liquidez. Es decir,  la facilidad  con la que una inversión puede convertirse en dinero en efectivo  ante un cambio en las necesidades,  sin  tener que por ello  asumir pérdidas.

Por tanto a la hora invertir dinero, se deben analizar  estos tres factores, que constituyen el  denominado triangulo de la inversión: rentabilidad-seguridad-liquidez.

Los tres parámetros actúan enfrentándose entre sí, de manera que siempre se ha  de adoptar una solución de compromiso entre estos factores y el perfil inversor de cada uno.

La seguridad: Se debe de identificar la  cantidad de riesgo, entendido como fracción del capital propio que se está dispuesto a asumir como pérdida.  Este proceso de identificación   es además  un instrumento  que sirve de  ayuda en el proceso de selección: por ejemplo no  es lo mismo la seguridad de un bono del tesoro de un estado,  que un bono o pagaré de una empresa privada.

La liquidez: Se debe de valorar, ante cualquier tipo de  imprevisto, la facilidad con la que se puede recuperar el dinero en efectivo, tanto en tiempo empleado como en cantidad  recuperada. Así por ejemplo la renta variable ofrece mayor liquidez que un depósito a plazo, si bien no asegura el capital inicial. Dentro de la renta variable, las  acciones con mayor volumen de capitalización bursátil, tienen mayor liquidez que las pequeñas compañías antes situaciones imprevistas o giros bruscos de los mercados financieros.

La rentabilidad: es el interés  o rendimiento neto  de la inversión. No ofrece la misma rentabilidad  el bono del tesoro de un país con  máxima calificación crediticia, que el bono de un país emergente. Por los mismos motivos que  la rentabilidad de la  renta variable de un país desarrollado  suele ser inferior que  la rentabilidad de la renta variable de un país emergente, o que los cruces  entre sí de las principales divisas (euro, dólar, yen, libra) ofrecen menor rentabilidad que los cruces con divisas de países exóticos.

En general se puede decir  que existe una relación inversa entre rentabilidad y seguridad: mayor rentabilidad generalmente conlleva a  asumir un mayor riesgo. Al igual que lo habitual es que los activos pocos líquidos conlleven una mayor rentabilidad, por el simple hecho de que menos inversores participan en los mismos.

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