¿Y si se paga la indemnización por despido anticipadamente?

La indemnización por despido injustificado de un trabajador es un costo que en cierta forma es considerado por algunos empleadores como una mordaza que les impide ajustar su planta de personal a sus necesidades, lo cual, alegan, les causa serios problemas de productividad.

Pero con la conquista que los trabajadores han logrado de muchos derechos, hoy es impensable considerar la eliminación de la indemnización por despido injustificado, pero sí existe una alternativa que puede de alguna manera flexibilizar el despido del trabajador sin que este salga perjudicado. Dicha alternativa es la figura utilizada por Austria donde la indemnización es pagada por el empleador de forma anticipada, sin importar si este es despedido o no.

El modelo austriaco obliga al empleador a realizar un aporte periódico a un fondo que tiene como objetivo cubrir la indemnización en caso que el trabajador sea despedido. Es algo muy similar a lo que en Colombia sucede con las cesantías, solo que el objetivo de dicho fondo es cubrir la indemnización por despido, sea justificado o no, o así no se produzca el despido.

De esta forma, como la empresa ya ha pagado la indemnización por despido injustificado, tiene absoluta libertad para despedir a un trabajador, y si el trabajador es despedido, o cambia de empresa voluntariamente, se puede ir con su fondo para la otra empresa, tal y como se manejan aquí las cesantías, de suerte que el trabajador no resulta perjudicado económicamente.

Para la empresa este sistema le resulta más costoso, puesto que tendrá que pagar anticipadamente una indemnización así no despida al trabajador, lo cual supone un mayor costo laboral porque tendrá que crear una nueva provisión obligatoria, pero a su vez le otorga la flexibilidad laboral que tanto exigen los empresarios, puesto que en cualquier momento podrá despedir a un empleado sin el temor a tener que pagar una indemnización, pues ya ha sido pagada.

La empresa gana porque tendrá en su planta de personal gente muy competitiva, gente que no será despedida por temor sino por ser indispensable, por su buen desempeño, lo cual supone para la empresa el aumento de  productividad y por ende de su rentabilidad. El trabajador puede perder estabilidad, pero también puede ganar competitividad en la medida en que las nuevas circunstancias le exigen un buen desempeño, una constante formación y actualización, lo que generalmente redunda en una mayor remuneración.

Ese modelo ha funcionado en un país reconocido por su calidad de vida y protección social, seguro que algo de bueno ha de tener.

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