Activos tóxicos

El término “activo tóxico” empezó a generalizarse en el año 2008 y tiene su origen en las hipotecas “subprime” o de alto riesgo, que las entidades bancarias concedían sin discriminación. Esto significa que los bancos otorgaban hipotecas a personas que tenían escasas garantías de poder pagarlas (por eso son de alto riesgo).

Los activos, que son productos financieros que acabarán transformándose en dinero líquido (acciones, préstamos hipotecarios, etc.), tienen un valor positivo. Pero ese riesgo de impago es el que los convierte en “tóxicos”, puede incluso convertirlos en un valor negativo. Esto tiene unas consecuencias muy graves en la economía porque contamina el mercado donde circulan estos activos tóxicos y generaliza un temor en estos mercados que provoca que los inversores dejen de invertir donde ven el foco de inseguridad.

Los activos tóxicos van desapareciendo a medida que el deudor paga al banco. Y lo que hace el banco para establecer una obligación de pago al deudor es quedarse con los todos los derechos de los bienes, imponiendo al deudor unos deberes de pago. Los riesgos siempre se transfieren al deudor mediante una relación contractual. De esta manera, si el deudor no puede hacer frente a la deuda y cae en el impago, el banco registra la pérdida y embarga el bien endeudado. Y es entonces cuando se convierte en activo tóxico, siendo prácticamente imposible venderlo a un precio razonable porque ha perdido mucho valor. Y aunque los activos tóxicos normalmente se vinculan a préstamos hipotecarios incobrables, en la práctica cualquier activo puede convertirse en un activo tóxico si las circunstancias del mercado provocan un descenso de los precios en la demanda.

El problema de los activos tóxicos es que tiene una base líquida “irreal”. El banco presta dinero que procede de las inversiones que particulares o empresas realizan en su banco, con lo cual, se convierte en deudor de los que tienen abiertas cuentas en su banco. Con el sistema de reserva fraccional, el banco se asegura un porcentaje del dinero que el inversor tiene en activos y el resto son billetes “ficticios” inscritos en libros contables. Cuando se trabaja con estos activos tóxicos, se trabaja con dinero que no existe y a partir de aquí se obtienen beneficios (que es el cimiento del fraude de Ponzi).

Estas prácticas de riesgo que han llevado a cabo los bancos, prestando dinero a clientes “subprime”, sabiendo el alto riesgo de impago que corrían, las llevaron a término con el pensamiento de que si ocurría este impago previsible, los bancos les quitaban las casas hipotecadas y seguirían ganando dinero porque las previsiones de los precios de los pisos iban en alza. De esta forma, el dinero “irreal” prestado se convertía directamente en líquido al vender esa casa endeudada, con la ventaja de sacar beneficios. Pero la crisis ha provocado el descenso en el valor de las propiedades, con lo cual, todo este entramado de beneficios se desmorona.

Los banqueros necesitan sanear estos activos tóxicos y la respuesta es el rescate. Y este auxilio económico tan accesible motiva a los banqueros a continuar el mismo esquema, aún sabiendo que las puertas de la intervención están abiertas.

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