Colocándose los zapatos del tercer mundo

La semana pasada el gobierno español, presionado por la comunidad europea, especialmente por la líder alemana Angela Merkel, y también por el FMI y el mismo presidente Obama quien le realizó una llamada, aplicó un severo plan de ajuste fiscal que elimina una serie de garantías sociales y disminuye los sueldos de trabajadores oficiales y pensionados.

Pero hay más, al FMI le pareció que esos ajustes estuvieron muy bien, pero que no eran suficientes, y específicamente ha exigido a España que recorte los gastos relacionados con la sanidad, es decir, que recorte los dineros destinados al sistema de salud, a la salud de sus conciudadanos.

Tocar la salud de la sociedad, es algo grave, muy grave, que incluso en los países pobres conocidos como tercermundistas, es muy mal visto. Y España tiene uno de los sistemas sanitarios más completos del mundo, pero si el FMI ha hablado, en poco será cuestión del pasado. No hay vuelta atrás, los enfermos tendrán que pagar los desmanes, desacierto y corrupción de políticos  y funcionarios públicos, como acá. Definitivamente demasiado parecidos, como si fuéramos del mismo linaje.

España, ha tenido y tendrá que seguir sintiendo en carne propia lo que durante décadas los países del tercer mundo han sentido cuando el FMI le impone severas condiciones para prestarles dinero.

España, como un país más del tercer mundo tendrá que sufrir las imposiciones del FMI y compañía, imposiciones que no consultan en absoluto el bienestar social de la población. A ellos sólo les interesa garantizar su dinero, no la salud ni la educación de un país. Eso es problema de los pobres por ser pobres, pero a pesar de ser pobres se les exige que paguen puntual, y contante y sonante.

Y si la crisis sigue, eso será una muestra de lo que el FMI no impondrá a nosotros próximamente.

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