¿Cómo abordó Islandia la quiebra de sus principales bancos por cuneta de la crisis financiera?

Islandia sufrió una crisis financiera en el año 2008, como consecuencia de la quiebra de sus tres bancos principales: Landsbanki, Kaupthing y Glitnir, después de la caída de Lehman Brothers. Pero la sociedad islandesa tomó un camino diferente a lo esperado para resolver el problema de la deuda externa del país. Una solución que no pasaba por la vía tradicional del neoliberalismo, que se traduciría en la socialización de la deuda de los bancos en quiebra, sino por no asumir esa deuda externa.

Estos bancos fueron nacionalizados para convertir la deuda privada en deuda pública y así el gobierno hacerse cargo del pago. Pero la deuda era tan desproporcionada para la capacidad económica islandesa, que el país rechazó hacerse cargo de la deuda externa. En concreto la suma de la deuda supera los 3.600 millones de euros.

Como país con una gran tradición democrática, sometió a referéndum la decisión de responsabilizarse del pago. Los resultados dieron la victoria, con un 58,9%, a los que se negaban a pagar por no sentirse responsables de la deuda de una entidad privada; frente a un 39,7%, que sí estaban de acuerdo en pagar el rescate.

En el año 2009 se volvió a someter a referéndum la decisión, que imponía unas condiciones duras para Islandia: tendría que pagar 2350 millones de libras al Reino Unido, y 1320 millones de euros a los Países Bajos hasta el año 2046, con un interés del 3%. El rechazo fue generalizado. Por segunda vez, y con una mayoría del 93,2%, Islandia decidía que no se responsabilizaría de las pérdidas que los países extranjeros sufrieron en la crisis financiera.

Los gobiernos del Reino Unido y los Países Bajos, principales inversores en los fondos del banco islandés Icesave, exigen que Islandia pague la deuda si pretende formar parte de la Unión Europea. La UE ha luchado también para que Islandia se haga cargo de sus deudas, pero hasta hoy, todos los intentos han sido en vano, puesto que los ciudadanos islandeses argumentan que las propiedades inmobiliarias del banco bastan para restituir los millones de libras y de euros que exigen Londres y Ámsterdam.

Incluso, en un intento desesperado, ingleses y holandeses han intentado instrumentalizar el FMI (Fondo Monetario Internacional), para presionar a Islandia y que cediera al pago. Algo que denunció a principios del año 2010 el director del FMI, Dominique Strauss-Khan, y que se encargó de comunicar a Grímsson, actual presidente de la república islandesa. De momento, y hasta que se resuelva la situación, el FMI ha congelado las ayudas a Islandia.

Islandia ha elegido su futuro. Ha salido de la crisis gracias a varias medidas, entre las que destacan el perdón generalizado de las deudas hipotecarias a parte de la población, respondiendo a las exigencias de los ciudadanos, y hacerse cargo de la deuda interna. Pero no se ha hecho cargo del pago extranjero.  Sus ciudadanos están convencidos de que han elegido la opción más justa. Eso sí, la posibilidad de adhesión a la UE se ve cada vez más lejos.

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