Cómo ganar una licitación con el precio más bajo y ganar mucho dinero

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Algunos contratistas con excelentes conexiones con responsables de las entidades estatales han encontrado la fórmula perfecta para ganar mucho dinero presentando propuestas de bajo costo.

Para contratar con el estado colombiano, generalmente es necesario participar en un concurso licitatorio en el cual una de las variables a considerar es el precio de la propuesta.

Algunos contratistas para asegurar la adjudicación de un contrato sin  que se levantes suspicacias, han optado por presentar propuestas supremamente económicas que resultaría absurdo no elegirlas considerando el factor dinero.

Muchos se han llegado a preguntar cómo es posible que estos contratistas obtengan alguna rentabilidad con propuestas tan baratas,  y una de las respuestas es sencilla: no pagan a los subcontratistas.

Recientemente una gran obra de interés nacional se vio paralizada y la respuesta dada fue que los subcontratistas paralizaron los trabajos porque el ganador de la multimillonaria licitación no les paga. Y ese no es el único caso…

En este país, amigos y familiares cercanos a funcionarios de los gobiernos nacional, departamentales y municipales, crean consorcios y uniones temporales express con los que ganan cualquier cantidad de licitaciones, y para no despertar sospechas trabajan sobre propuestas relativamente económicos lo que les asegura el contrato, pero luego subcontratan hasta el 100% de las obras, y claro, en muchos casos luego no pagan a los subcontratistas pues de otra manera difícilmente obtendrían la alta rentabilidad que se espera de un proceso licitatorio estatal.

Casos hay muchos, sólo que no salen a la luz pública. Pequeños contratistas son estafados por los grandes contratistas estatales amigos íntimos del sistema político y judicial  que les asegura salir inmune de tan macabra idea de negocios, muy rentable por cierto.

Anteriormente las licitaciones eran ganadas por los amigos y allegados de ciertos funcionarios públicos igualmente con licitaciones con propuestas económicas, pero que luego terminaban en importantes adiciones y sobrecostos que garantizaban la rentabilidad esperada en la contratación pública. Ahora empieza a ser común las dos cosas: sobrecostos e impago a subcontratistas: el negocio es redondo.

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