¿Cómo un banco privado es mejor para la economía que el sector industrial o manufacturero?

Son las palabras del presidente de Islandia Ólafur Ragnar Grímsson, pequeño país que fue afectado por la crisis financiera, y contrario a la corriente decidió no rescatar a los bancos y dejarlos que se quebraran. Este valiente presidente no creyó aquello de que son demasiado  grandes para dejarlos caer.

Razona el presidente islandés que un banco no puede representar más beneficios para la economía  que una fabrica  o industria, lo cual resulta apenas lógico por cuanto la industria sí genera valor agregado, empleo, capacidad de consumo y un largo etcétera de consecuencias positivas, en tanto que el banco sólo genera beneficios para sus propietarios arruinando de paso, o no haciendo nada el sector real de la economía.

Países como Grecia, Irlanda, Italia y hasta Colombia han optado por darle plata a los bancos para que no quiebren y dejado desprotegida a la industria, al empresario, a ese pequeño y mediano empresario que genera más del 50% del empleo de cualquier país.

Y parece que los islandeses acertaron y los demás países se equivocaron. Islandia después de no regalar la plata de los impuestos a los bancos, ha logrado crecer, generar empleo y confianza, entra tanto los países que rescataron a sus bancos una y otra vez, siguen perdiendo empleo, bajando salarios y con una economía con crecimiento marcadamente negativo. Los resultados hablan por sí solos.

En su momento el FMI pronosticó la ruina total de Islandia por no aplicar sus políticas y recomendaciones, y en contraste, quienes se fueron a la ruina fueron los países que aplicaron las políticas del FMI, esas políticas que nunca han funcionado y que por el contrario han   lastrado la economía de todos los países latinoamericanos por décadas. Lo único que ha logrado el FMI hasta la fecha es llevar ese desastre también a los países ricos como los europeos.

Sin duda que se requiere de un presidente fuerte, valiente y de un pueblo también valiente, y sobre todo culto y educado  que viva en democracia, pues ha sido esa democracia la que salvó a Finlandia de lasa garras de los grandes bancos.

En su momento, el presidente se negó a firmar las leyes emitidas por el poder legislativo en favor de rescatar a los bancos, de modo que la decisión se fue a las urnas mediante una consulta popular, y todos los islandeses decidieron que las ayudas estatales no debían ir a los bancos sino a la gentes y a las empresas que quebraron por culpa precisamente de los bancos. Sabia decisión popular que no cualquier pueblo es capaz de tomar, pues para ello se requiere de un conocimiento mínimo de economía y finanzas, y una capacidad de cuestionamiento que deje sin efectos los intentos de confundir, desinformar y de manipular llevados a cabo por políticos, banqueros y medios de comunicación.

En Grecia, el presidente Papandreus quiso en un momento hacer lo que en Islandia y someter a referéndum popular el plan de rescate del FMI y el resultado fue que en una semana había sido remplazado por un estrecho colaborador de Goldman Sachs; allí perdió la democracia contario a lo sucedido en Islandia. Irónico considerando que fue Grecia al cuna de la democracia hace miles de años.

Al FMI poco le ha  importado el bienestar de la sociedad. Sus medidas siempre van encaminadas a recortar beneficios sociales y a incrementar impuestos, todo para garantizar que sus socios ganen mucho dinero con los préstamos que imponen en desventajosas condiciones. El FMI es un banco y sólo recomienda o impone medidas que benefician a los suyos, a sus colegas. Eso lo tienen claro los islandeses.

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