Competitividad económica y bienestar social en el campo

El tema de la competitividad económica ha desplazado el bienestar social de los sectores campesinos, obligando a muchos a emigrar o desplazarse hacia los centros urbanos.

El gobierno, desde cuando el gobierno de Gaviria implementó su modelo neoliberal profundizado, conocido como la apertura económica, ha iniciado una política de importación de alimentos debido a que los alimentos importados resultan más económicos que los nacionales, lo cual ha sido una herramienta para bajar la inflación.

Esta política, ha desplazado decenas de miles de empleos en el sector agrícola, sumiendo en la pobreza a igual número de familias, que no les queda otra alternativa que desplazarse a los grandes centros urbanos, donde su subsistencia resulta difícil y compleja por cuanto no tienen formación ni preparación para subsistir y menos para ser productivos en ese nuevo medio.

Si bien el estado debe propender por el mejoramiento de la competitividad de todos los sectores del país, esa competitividad debe buscarse con responsabilidad social, procurando que no se consiga a costa de la calidad de vida y del empleo de amplios sectores de la economía.

De otra parte, para lograr un suministro de alimentos competitivos a la población, no necesariamente se debe recurrir a la importación de alimentos, sino que se puede lograr también si el estado invierte en infraestructura, formación y financiación en el sector agrícola.

Es claro que no se puede ofrecer un precio competitivo cuando para llevar el producto al mercado no se cuentan con vías de comunicación, por ejemplo.

En algunos casos, el transporte de los alimentos desde un municipio de un mismo departamento, puede ser más costoso que transportar los alimentos desde un puerto, porque la gran mayoría de las zonas rurales no cuentan con vías de comunicación y las pocas existentes son intransitables.

La competitividad, en primer lugar debe buscarse invirtiendo en lo necesario para ello, no desplazando toda una población como hasta la fecha se ha hecho.

Claro, para el estado es más barato importar alimentos que invertir en la infraestructura que se necesita para que nuestros productos sean tan competitivos como los importados, y ya sabemos que el estado siempre se va por el camino fácil, sin importar que ese camino fácil deje en la ruina a millones de personas.

Además, la importación beneficia a grandes empresarios que se dedican a ello, mientras que recurrir a la agricultura nacional sólo beneficia a millones de pequeños agricultores que no tienen el poder de influencia sobre quienes toman decisiones, lo que demuestra un juego perverso de grandes intereses económicos…

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