Competitividad

La competitividad se entiende como la relación entre varias entidades, países, etc. para ofrecer el mejor servicio y obtener los mayores resultados de forma equiparable con respecto al resto del mundo.

En la economía de un país hay varios factores clave: el sector público, el sector privado, el sector financiero (que rigen los bancos y la bolsa) y los consumidores. Dicha economía está enfocada de forma diferente dependiendo si el país es desarrollado, en desarrollo o subdesarrollado. Un país que no esté desarrollado no tendrá la misma capacidad de producción que uno que sí lo esté, que es la clave para el crecimiento económico.

La competitividad y productividad son dos términos que van estrechamente ligados. Actualmente, la competitividad de un país está estrechamente relacionada con su capacidad de producción principalmente industrial. En un mundo que cada vez requiere más automatización, la tecnología punta es la clave para estar en la cumbre de la productividad y competitividad.

Para analizar si un país es productivo y competitivo, se observan los bienes producidos, el nivel de empleo y las relaciones internacionales o de exportación.  Es fundamental en la competitividad de un país la exportación e importación de bienes. Un país que solo tenga un comercio interior podrá ahorrar en determinados sectores o tasas, pero eventualmente su economía decrecerá.

La competitividad de una empresa dependerá de la gestión propia y la administración de sus servicios al exterior. Aun así, en una empresa existen dos tipos de competitividad: la interna y externa. Internamente, los trabajadores deben estar cualificados y preparados para su posición a fin de hacer su trabajo lo mejor posible, pero también es importante la innovación destinada a una competitividad exterior, a un mercado saturado y que cada vez es más completo en su cualificación y también en su servicio.

Una empresa, para ser competitiva, siempre debe tener en mente la renovación, ajustarse a lo que el mercado necesita en ese momento y mantenerse informada de los cambios del mismo.

Se pueden distinguir cuatro tipos de competitividad en las empresas:

- La incipiente, donde la competitividad es muy escasa y a menudo la empresa es forzada a seguir los patrones del mercado de valores

- La aceptable, ya no es tan fácilmente manipulable, reacciona mejor a las innovaciones

- La superior, en la que la empresa empieza a ser más relevante e innovadora en el sector

- La sobresaliente, última fase en la que la empresa pasa de adaptarse a los mercados a ser ella quien los establece.

Quizá el punto más importante de una empresa sean los trabajadores.  Una empresa que quiera progresar debe buscar una mano de obra cualificada y además saber mantenerla, con lo cual es necesario un buen equipo en Recursos Humanos. Los profesionales necesitan incentivos, reconocimientos por su trabajo que a su vez estimulen más su productividad.

La competencia laboral reúne las propias cualidades de un individuo para realizar su trabajo satisfactoriamente. Algo extremadamente importante es que la industria tal como la conocemos hoy necesita de una mano de obra muy especializada y cualificada, tiene que cumplir con requisitos específicos que aseguren la correcta realización del trabajo debido a que la dificultad cada vez aumenta más, y por eso el profesional debe realizar aquel trabajo para el que esté cualificado y no otro, con fin de aprovechar al máximo su competitividad laboral.

La competencia entre trabajadores se puede ver como un incentivo abstracto; es decir, es el propio colectivo el que establece sus metas en cuanto a lo que quieren aspirar, y cómo quieren hacerlo. La competencia laboral externa, es decir, entre trabajadores de distintas entidades, es a todo riesgo favorecedora para ambas empresas. En la competitividad, sobre todas las cosas reside una voluntad de mejora, a título personal y para la empresa.

Como se ha mencionado previamente, el estímulo más directo para un trabajador es una compensación a su productividad, que a su vez incentive a otros profesionales a aumentar la suya propia.

Asimismo, el profesional deberá disponer de un área de trabajo cómoda a fin de poder desempeñarlo correctamente, y que no tenga efectos negativos en su competitividad.

Por último, aparte de la destreza profesional, los empleados también deben tener ciertas cualidades empáticas, especialmente en cargos con contacto directo con el público u otros trabajadores (Recursos Humanos, por ejemplo).

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