Consecuencias de la manipulación de la Tasa Libor

Uno de los escándalos financieros más sonados de los últimos años estalló tras filtrarse la manipulación deliberada del valor de las tasas Libor. Lo que en principio es algo puntual y localizado (Reino Unido), arrastra consecuencias a nivel mundial y afecta a todos los estamentos, desde inversores particulares a grandes empresas.

Para hacerse una idea de la magnitud de este asunto es imprescindible saber qué son exactamente las tasas Libor. Las siglas de este acrónimo corresponden a “London Interbank Offered Rate”, lo que en español se traduce como “tipo de interés interbancario del mercado de Londres”. Se puede decir que estas tasas son una referencia para el intercambio de activos financieros. Con ellas se regulan los intereses entre préstamos y fondos no asegurados entre los bancos. Sin embargo, su utilidad es muy variada, puesto que son también una referencia para el intercambio monetario o para establecer las tasas de interés variable para créditos e hipotecas. Mención aparte recibe el hecho de que los inversores exigen a los bancos valores bajos de la tasa Libor como garantía de solvencia.

El origen de la catástrofe fue la filtración de conversaciones y correos electrónicos entre empleados de Barclays, en los que se ponía de manifiesto una manipulación deliberada mediante informes que reflejaban, para estas tasas, un menor valor del que estaban pagando. Desde el año 2005 al 2009 estos valores fluctuaban al antojo de los banqueros, con el fin de maquillar cuentas para mejorar la imagen de las instituciones bancarias frente a posibles inversores o generar beneficios en operaciones concretas. Y es que, una pequeña variación de la tasa Libor puede suponer pérdidas o ganancias por valor de millones de dólares. Numerosas instituciones bancarias han sido investigadas desde entonces a ambos lados del Atlántico, JPMorgan, UBS, HSBC o Deutsche Bank, entre otros.

Una consecuencia directa de todo esto son las innumerables demandas que han recibido estos bancos, a las que tienen que hacer frente invirtiendo un importante capital en materia judicial. De momento, Barclays ha tenido que asumir la mayor multa impuesta nunca a un banco británico, por valor de 453 millones de dólares, y tanto el presidente de la entidad como el consejero delegado han presentado su dimisión. Las demandas hasta ahora presentadas desde todas las partes del mundo, y que van desde inversores particulares hasta incluso la ciudad de Baltimore, se basan en pérdidas de capital a causa de este hecho. Por lo que al inversor individual respecta, las pérdidas, unos 10 billones de dólares, afectan a hipotecas de viviendas, préstamos, tarjetas de crédito o financiaciones de estudios.

Ni que decir tiene que la confianza en los bancos está por los suelos, como también lo está la credibilidad de la tasa Libor, que antes de todo esto era un elemento fundamental del funcionamiento del sistema. Ha quedado evidenciado que este índice de referencia se basaba en un promedio de opiniones subjetivas de algunos bancos (los 16 más poderosos entre los contribuyentes), y no en una estimación real por operaciones bancarias.

La tradición banquera británica basada en valores como la caballerosidad y la confianza se tambalea, y a pesar de las fuertes disputas a las que ha llevado este asunto en el parlamento, el problema más grave continúa estando en la calle, y va más allá de las islas británicas. La pérdida de credibilidad de las instituciones bancarias a nivel mundial sigue cayendo empicado, y esto no es beneficioso para la recuperación económica. Si el comienzo de la recesión puso a los banqueros en el punto de mira, acciones como ésta ponen de nuevo en jaque la confianza en ellos. Y esto es especialmente preocupante, ya que sobre estos grandes responsables de la banca recae toda la responsabilidad de revertir la situación de crisis global actual.

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