Consideraciones antes de embarcarse en un pleito judicial

En nuestro país existe una latente realidad que pocos se atreven a cuestionar públicamente por el temor a las reacciones que pueda causar, y tiene que ver con las decisiones que a veces toma la justicia frente a cualquier problema judicial.

Cuando se presenta una controversia con otra persona, con una empresa, o con quien sea, que es necesario llevarla a los estrados judiciales, hay que tener presente que allí pueden suceder ciertas cosas que podrían no sólo decepcionarnos sino hacernos perder el pleito, querella, demanda o como se le quiera llamar.

Cuando se va a iniciar una acción judicial contra alguien, lo primero que hay que evaluar es la posibilidad que tenemos de ganar, lo cual, por lo general se hace conforme a la ley. Si al estudiar la ley, los hechos y circunstancias determinamos que la razón nos asiste, con seguridad continuaremos con la acción judicial, y si no, pues lo más sensato es conciliar o desistir de la acción judicial.

Sin embargo, hay que tener presente que nuestra justicia no siempre decide en derecho. No son pocos los casos en que la ley está a nuestro favor pero resulta que la justicia no. Esto se debe a que quien imparte justicia, en ocasiones se deja influenciar por oscuros intereses, de modo que termina tomando decisiones contrarias a la ley para favorecer a quien los oscuros intereses se lo dictaminan.

Generalmente esto sucede cuando la parte contra la que interponemos la acción judicial, tiene poderosas influencias, ya sea por amigos, contactos políticos o por dinero. En casos así, no es de extrañarnos que quien imparte justicia termine accediendo a las presiones o influencias de quien tiene más herramientas para influir o presionar.

Y en este oscuro mercado de favores, presiones, intereses e influencias, hay algo mucho más macabro en el que intervienen algunos abogados deshonestos.  No es extraño descubrir que el abogado que contratamos para que nos defienda, termine haciéndonos perder porque ha recibido más dinero de la otra parte; es decir, nosotros le pagamos para que nos haga ganar, y la contraparte también le paga, y mucho más, para que nos haga perder, y en efecto perdemos.

Es por ello que hay que tener un abogado de confianza. Así como todos tenemos un médico confiable, debemos tener también un abogado confiable, puesto que el riesgo de que un abogado deshonesto cobre por partida doble, es real.

Esta sucia realidad de nuestra justicia debe obligarnos a considerar algo más que la ley y los hechos para decidir si nos embarcamos en un lío judicial, puesto que la justicia nos puede regalar una desagradable sorpresa.

Nunca debemos  confiarnos en la ley porque la justicia no siempre actúa con forme a ella.

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2 Opiniones
  1. Angel Miguel dice:

    Hola a todos. El problema es real y existe. ¿ Que nos corresponde hacer a cada uno como parte de una sociedad enferma, para buscar que esto no suceda ?. Al no hacer nada, somos tan culpables como los corruptos. Salud y suerte.

  2. Angela dice:

    Totalmente de acuerdo con este articulo, lo he vivido en carne propia, y la dificultad mas grande es encontrar un abogado honesto, competente y diligente.

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