Contrato de trabajo y Contrato de prestación de servicios, dos contratos distintos pero con algunas afinidades

Para muchas personas no están claras las diferencias existentes entre contrato de trabajo y contrato de prestación de servicios, y esa falta de claridad obedece a que no tienen bien definidos los conceptos propios de cada uno de ellos, lo cual los puede llevar a cometer errores a la hora de contratar la prestación de sus servicios.

En la columna de hoy nos proponemos poner a la vista de los lectores las principales particularidades de cada una de esas modalidades de contratación, para lo cual es conveniente hablar de sus afinidades y de sus diferencias.

Empecemos por indicar que son elementos esenciales del contrato de trabajo la prestación personal del servicio, el salario como remuneración del servicio y la continuada dependencia o subordinación del trabajador frente a su empleador, de manera que una vez reunidos esos tres elementos se configura un contrato de trabajo. En el contrato de prestación de servicios, por su parte, se reúnen la prestación del  servicio, la remuneración de ese  servicio que aquí adopta la denominación de honorarios, y la autonomía del contratista respecto del contratante. O sea que en el contrato de trabajo hablamos de trabajador, salario y dependencia o subordinación; y en el contrato de prestación de servicios de contratista, honorarios y autonomía.

También vale precisar desde ya que lo que determina que un contrato sea de trabajo o de prestación de servicios no es el nombre que se le dé al convenio, sino la forma como éste se ejecute. Así, a un acuerdo se le puede poner el nombre de contrato de prestación de servicios y en la realidad ejecutarse uno de trabajo, y viceversa.  Entonces, será la realidad la que en últimas se imponga y determine la naturaleza jurídica del contrato.

Es importante anotar igualmente que ninguno de los dos requiere escrituración, o sea que ambos pueden celebrarse en forma verbal. En el contrato de trabajo basta con que las partes se pongan de acuerdo sobre la índole de la labor que se va a desarrollar, el sitio en donde se ejecutará, la cuantía y la forma de remuneración, y la duración del contrato para que el acuerdo cobre vida, pero –en principio- será la ejecución del mismo la que le hará producir efectos. (Se discute si el contrato de trabajo puede producir efectos una vez celebrado aunque no haya empezado a ejecutarse. De ese tema ya nos ocupamos en una columna).

Sobre la cuantía de la remuneración es del caso aclarar que en ausencia de pacto al respecto, se deberá pagar como salario el que según la costumbre se pague por dicha labor en el lugar, y en su defecto el salario mínimo legal.

Ahora, es posible que algunos cuestionen lo que se viene de decir sobre la informalidad del contrato, aduciendo que por ley el contrato de trabajo a término fijo exige escrituración, lo cual es cierto, pero la ausencia de ésta no le quita al contrato de trabajo su condición de tal, sólo que éste se regulará entonces como contrato a término indefinido o por la duración de la obra o labor contratada, según  lo determine su objeto.

Por otra parte, en ambos contratos la persona contratada  se obliga a prestar un servicio, pero mientras en el contrato de trabajo el trabajador se compromete a prestarlo de manera personal, en el de prestación de servicios puede hacerlo personalmente o a través de otra u otras personas, según lo prefiera. Sin embargo, esta regla no es absoluta, pues existen casos en que el contrato de trabajo se ejecuta con la ayuda de otras personas, tal como ocurre con el contrato a domicilio. Y también se dan casos en que en el contrato de prestación de servicios el contratista se obliga a prestarlo de manera personal, como por ejemplo cuando se contrata a un determinado artista para que pinte un cuadro o a un técnico en particular para realice una labor de especial confianza. (Es lo que los romanos llamaban Intuitu personae,  o sea en consideración a la persona).

Se dice con alguna frecuencia que el cumplimiento de horarios de trabajo está comprendido entre los elementos que hacen la diferencia entre los dos contratos, y se subraya que el mismo está siempre presente en el contrato de trabajo y ausente en el de prestación de servicios. Eso no es exactamente cierto, toda vez que  puede haber casos en que el trabajador no esté sometido a dichos horarios y situaciones en que el contratista sí lo esté. Como ejemplo de la primera situación podemos citar a los altos funcionarios de las empresas, quienes generalmente están exentos de esa obligación, y a quienes laboran bajo las modalidades de teletrabajo y a domicilio. Y en cuanto a los contratistas hay ocasiones en que éstos para la ejecución de la labor u obra contratada deben ajustarse a ciertos horarios, tal como ocurre con quienes prestan los servicios de aseo o suministro de tinto o refrigerios en los bancos. Los primeros deben realizar la labor antes de que el personal del banco empiece a laborar, y los segundos durante el tiempo que dicho personal está laborando. O sea, que a la hora de definir la naturaleza jurídica del contrato ejecutado, el cumplimiento de horarios  puede servir o no para su determinación.

Así mismo, hay quienes ven en la forma de remuneración una manera de distinguir un contrato de otro. Para ellos  si el servicio se remunera con una suma de dinero  fija y su pago se hace por quincenas o por meses se estaría frente a un contrato de trabajo, y si el servicio se remunera por días, por unidad de obra o a destajo se tratará de uno de prestación de servicios. Eso tampoco es concluyente, porque todas las anteriores son formas de expresión tanto del  salario como de  los honorarios.

Y así podríamos seguir enumerando las características que, en términos generales,  les son comunes a ambos contratos, aunque se manifiesten con mayor claridad y precisión en uno u otro.

Pero la verdadera diferencia entre el contrato de trabajo y el de prestación de servicios radica en la subordinación, la cual siempre estará presente en el primero, bien sea como entidad tangible o como simple posibilidad jurídica,  y siempre estará ausente en el segundo.

Y cuando hablamos de subordinación como posibilidad jurídica estamos diciendo que no es estrictamente necesario que la misma se exprese y manifieste para que el convenio adquiera la condición de contrato de trabajo, sino que basta con que aquella tenga la posibilidad jurídica de expresarse  y hacerse visible en cualquier momento para que el contrato haga parte del universo laboral. Y esta precisión es necesario hacerla porque bien puede ocurrir que su invisibilidad lleve a algunos a desconocer su existencia. Así, existen cargos en los que la subordinación es tan sutil que resulta prácticamente  imperceptible para el resto de trabajadores, tal como ocurre con los presidentes, gerentes y otros altos directivos de algunas compañías, que se visibilizan como si fueran soberanos.

Finalmente vale la pena anotar que hay casos en que el contrato de prestación de servicios se ejecuta acompañado de una supervisión o vigilancia por parte del contratante, lo cual lleva algunas veces al contratista a interpretar ese acompañamiento como auténtica subordinación y por lo mismo a demandar la declaratoria de existencia de un contrato de trabajo realidad y la orden de pago a su favor de prestaciones sociales e indemnizaciones. La jurisprudencia de la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia ha dicho en varias ocasiones que esa supervisión o simple vigilancia no tiene semejante alcance y que por lo mismo su presencia no le cambia la naturaleza civil o comercial de que  participa el contrato de prestación de servicios.

En conclusión, la diferencia entre los dos contratos es necesario buscarla en el elemento subordinación, entendida ésta como la facultad que le otorga la ley al empleador para darle órdenes al trabajador, administrar su tiempo de trabajo, imponerle reglamentos, disciplinarlo, etc., y la obligación correlativa que le impone la misma ley al trabajador de obedecer esas órdenes, cumplir los reglamentos y ser leal y solidario con el empleador; pero en todo caso la subordinación debe ser vista desde los criterios que ha señalado la jurisprudencia y que hemos recogido en esta columna.

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3 Opiniones
  1. jose samuel malaver perez dice:

    Muchas gracias.

    Por un momento pensé que era la respuesta a la pregunta que hace mucho tiempo atrás les hice. Eso aclara muchas dudas, pero mi pregunta es que porque una empresa como Empresa Colombiana de vías Ferreas, Ferrovias, no me afilio a seguridad social en pensiones, ni me puso la condición de auto afiliarme como independiente, con el perjuicio que ahora tengo de haber perdido tres años de cotización, tres años vitales para ahora tener el derecho a la pensión, y lo que es peor aun, haber perdido el derecho al régimen de transición por tan solo cinco días, que si Ferrovias me hubiese afiliado, o me hubiese obligado a cotizar, no lo estaría yo lamentando ahora.

    Muchas gracias y si aun es posible obtener respuesta, seguiré leyendo sus importantes comentarios sobre todo el mundo laboral..

    Jose Samuel Malaver Perez

  2. Alonso Riobó Rubio dice:

    Si usted laboró en Ferrovías y ésta no le cotizó para pensión o le cotizó apenas durante un tiempo inferior al debido, el Estado debe responder por las cotizaciones correspondientes al tiempo servido. La jurisprudencia a adoctrinado que si la entidad oficial no ha afiliado y cotizado por el trabajador, éste no tiene por qué asumir las consecuencias de esa omisión de la entidad y en tal caso el Estado entra a responder.

    Asesórese de un abogado especialista en derecho laboral.

    Saludos,

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