Como es de suponerse, un costo o un gasto no pueden ser soportados con una factura anulada

Dentro del desarrollo diario de los negocios surgen situaciones particulares que de no solventarse de la forma correcta, terminan generando complicaciones futuras, como es el caso de una factura que por alguna razón es anulada sin que el comprador se preocupe por la entrega de la nueva factura.

Por ejemplo suele suceder que se emite una factura por un valor equivocado, y la solución que se opta es anular esa factura y emitir otra por el valor correcto, y el problema surge cuando el comprador se queda con la factura anulada y olvida reclamar la nueva factura, lo que suele pasar desapercibido porque el emisor de la factura la anula tiempo después, y el comprador se queda con una factura sin el leyenda de anulada que le recuerde su situación.

Como la declaración de renta se elabora en el siguiente año cuando es probable que ninguna persona de la empresa recuerde lo sucedido con esa factura, pues se termina declarando un costo respaldado con una factura anulada, y allí surge el problema en caso que la Dian decida revisar a fondo la declaración.

Un caso similar llegó hasta el consejo de estado que en sentencia 20347 de la sección cuarta con fecha  febrero 23 de 2017, y   con ponencia del magistrado Jorge Octavio Ramírez manifestó:

«La Sala considera que aunque el costo está registrado en la contabilidad, no procede el reconocimiento de esa erogación, porque no tiene el soporte contable exigido en el artículo 123 del Decreto 2649 de 1993 y, en especial, en el artículo 771-2 del Estatuto Tributario, para la procedencia fiscal de los costos.

Todo, porque la factura No. 17730 asociada con esa erogación no surte efectos legales por encontrarse anulada y, en tal sentido, no puede servir como soporte del registro contable del costo de venta.

Súmese a lo anterior que la contribuyente no allegó el documento que sustituyó a la citada factura, no obstante haber sido requerido por la Administración y, que, en calidad de vendedor del bien, tenía la posibilidad de aportar el material probatorio necesario para soportar el costo de venta de la mercancía.»

Claro que es justo precisar que esta es una de las estrategias para evadir impuestos, donde el que vende anula la factura y el que compra declara el costo, lo que permite al vendedor omitir ese ingreso y el comprador deducir ese costo que en tales casos es inexistente, o casos más complejos para el declarante, como que el vendedor simplemente anula la factura sin razón y sin informar al comprador (de mala fe, por supuesto), por lo que el comprador tendrá que demostrar la realidad de la operación con la prueba del pago, de las retenciones practicadas, etc., situación que se hace muy compleja probatoriamente.

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