Cuando el estado reparte plata todos quieren

Cuando el estado distribuye ayuda económica ya sea a la población o al sector empresarial, todos quieren, hasta quienes no la necesitan.

Esta realidad se ha hecho más que evidente en la situación que se está viviendo actualmente en los Estados unidos, donde la crisis financiera ha llevado al estado a inyectar una gran cantidad de dinero público para salvar principalmente al sector financiero, el más afectado [y el principal culpable] de esta crisis.

Esto ha sentado un precedente que parece invitar a todas las demás empresas a solicitar la misma ayuda cuando se encuentran en crisis.

Es el caso de las principales empresas automotrices de los Estados unidos, quienes hoy están solicitando al congreso se les aprueba un plan de rescate similar al implementado para el sector financiero, aunque por un valor mucho menor

Y es que cuando el estado se convierte en protector, algo que ha sido criticado por los más capitalistas y neoliberales [qué paradoja], las empresas y la población en general, dejan de hacer lo necesario porque en el fondo saben que el estado tarde o temprano acudirá en su ayuda.

El costo económico y social de no apoyar este tipo de empresas sería enorme, por lo que se anticipa que el congreso de los Estados unidos terminará aprobando el plan de rescate para el sector automotriz, aunque existe un rechazo por parte de la sociedad y de los mismos políticos.

Pero esta solución puede ser contraproducente, negativa a largo plazo, puesto que puede fomentar una cultura ya incipiente o en desarrollo de ineficiencia e irresponsabilidad en el sector empresarial, que precisamente es lo que ha causado la actual crisis: ineficiencia por parte de la automotrices e irresponsabilidad por parte del sector financiero y compañía, de modo que acudir a su rescate, es más o menos como avalar su reprochable comportamiento, comportamiento que seguramente se repetirá si el estado sigue ayudando a quien no ha sido lo suficientemente competente para hacer bien su trabajo.

Seguramente estas empresas le apuestan a su calidad de imprescindibles para la sociedad, por lo que anticipadamente dan por hecho de que el estado terminará apoyándolas, puesto que saldrá mucho más costoso si se deja que el sector financiero o productivo colapse.

El hecho de que el estado rescate a un sector de la economía con dinero público, además de alentar a los demás sectores a pedir plata, crea un precedente de patrocinio que puede tener graves consecuencias en la productividad y sostenibilidad de la economía.

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