Cuando las empresas disminuyen ganancias hay un problema económico; cuando la gente pierde el empleo un problema social

Por   22/09/2017

Es cuanto menos curiosa la forma en que los gobiernos abordan la quiebra  o crisis de las  empresas y los problemas de desempleo. En el primer caso el gobierno reacciona como si se tratara de un problema económico y en el segundo como si fuera un problema social.

Para los gobiernos, cuando las grandes empresas tiene pérdidas es un  problema económico de interés nacional y en ese sentido fija las política para resolverlo, lo cual, por regla general, implica entregar a esas grandes empresas recursos del estado, recursos provenientes de los impuestos que paga el ciudadano de a pie, y esos recursos entregados a esas empresas, que son grandes recursos, en el mejor de los casos es a costo cero, cuando no gratis, o en otras palabras, regalado.

Pero si son decenas de miles, o hasta millones las personas que han perdido el empleo, para los gobiernos es un asunto de problemática social, y las políticas que se diseñan para enfrentarlo, no tiene la agresividad ni la profundidad que tienen las políticas diseñadas para solventar la difícil situación de los empresarios. En muchos casos, los gobiernos simplemente no toman medias, pues esperan que con la plata entregada a los grandes empresarios el problema de desempleo se solucione solo.

Evidentemente ante problemas similares, esto es, perdida de ingresos tanto para las empresas como para las familias, existen prioridades distintas. Prima lo económico sobre lo social, y no se conoce hasta la fecha que lo económico ayude a lo social, y más bien lo que sucede es que cuando se favorece más el aspecto económico de las grandes empresas, la desigualdad social se profundiza.

Por ejemplo, tan grave es que existan tres millones de personas sin trabajo y sin con qué comer como que se quiebren la mitad de los bancos. En el primer caso el gobierno no ha hecho absolutamente nada, y cuando ha sucedido el segundo caso, el gobierno ha salido con su chequera a socorrer a los caídos en desgracia “¿Desgraciados?”, y  aún a costa de incrementar los impuestos que hasta esos desempleados deben pagar.

Como se ve, esa aparentemente pequeña diferencia en la forma como se aborda un mismo problema, en lo esencial, claro está, tiene efectos muy marcados.

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