Cuando llega la hora de irse de su trabajo

Seguramente a toda persona que haya trabajado para una empresa, el algún momento ha sentido que es hora de cambiar de trabajo, de buscar nuevos retos y horizontes.

Generalmente, esto sucede cuando el empleado siente que ha cumplido con su ciclo dentro de la empresa, siente que ya no hay nada interesante que hacer, que todo lo que él pudo hacer aportado, ya lo hizo.

La situación se hace más crítica cuando el empleado siente que el jefe “le corta las alas”, que no le da la suficiente libertad y autonomía para cruzar ese límite al que ya ha llegado.

Es quizás en ese momento cuando se siente la mayor frustración en la experiencia laboral de cualquier trabajador en una empresa. No poder hacer más de lo que se quiere porque el jefe o la misma empresa no lo permite, hace que el empleado  sienta que ya no es su lugar, que necesita un nuevo medio que le permita expresarse y actuar a un mayor nivel.

Esto es especialmente importante en aquellas personas dinámicas, productivas, que siempre están buscando hacer algo más y mejor. Estos trabajadores, tarde o temprano sentirán que en el lugar donde se encuentran ya no les ofrece la posibilidad de crecimiento que en todo momento buscan.

Este tipo de trabajadores son los más valiosos para las empresas, pero lamentablemente casi ninguna se entera de estas situaciones, o simplemente no les interesa, dejando marchar estos excelentes empleados por no ofrecerles lo que ellos desean, por no dejarles hacer todo lo que ellos aspiran.

Todo ser humano es motivado por las nuevas cosas que se pueden hacer, por los nuevos caminos que se pueden recorrer, y cuando la empresa no lo permite, es la hora par que ese empleado busque una nueva empresa que se ajuste a sus expectativas.

En este orden de ideas, podemos decir, que los únicos empleados que se sienten a gusto durante años en un mismo escritorio, son los que tienen muy poco que dar, son aquellos conformistas que sólo les preocupa cumplir con su jornada laboral día a día hasta alcanzar su pensión, empleados que naturalmente no le aportan mayor cosa a la empresa.

Y aquí es cuando se da una gran paradoja; la empresa deja ir a los más productivos y los de mayor potencial, y se queda con los mas conformistas y sedentarios, y menos productivos también.

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