Cuentas de acciones al portador

Se define como acción al portador, o “bearer share”, a todo aquel título accionarial en el que no figura el nombre del propietario, es decir, cuyos derechos inherentes se ejercen por la mera posesión. Además, el traspaso de dueño se reduce a la transmisión del título, sin ningún tipo de endoso, burocracia o intermediarios. Por tanto, no queda constancia a nivel administrativo de estos traspasos. Se diferencian de las acciones nominativas en que éstas sí tienen incorporado en el título el nombre del poseedor legítimo.

Dicho esto, y destacando como principal característica el anonimato, es importante definir cuáles son algunas de las ventajas e inconvenientes de poseer cuentas de acciones al portador.

Algunas ventajas inmediatas las hemos comentado más arriba, como son la facilidad de traspaso o la confidencialidad. Otro factor beneficioso es el ahorro de los hipotéticos costes asociados a cualquier registro o impuesto. Y es que, al no quedar registrada la operación, no es posible gravar con impuestos ningún importe. Son especialmente eficaces en los negocios familiares, en los que los títulos hereditarios pasan de padres a hijos automáticamente. Del mismo modo, se puede operar con este tipo de acciones mediante sociedades “offshore”, que son centros financieros con un nivel impositivo muy bajo, también conocidos como paraísos fiscales. Es precisamente este último punto un asunto polémico por el que se suele poner en duda la legitimidad de este tipo de activos.

El principal obstáculo al que se enfrentan los propietarios de acciones al portador, son las medidas legislativas contra el blanqueo de dinero. Y es que uno de los usos fraudulentos más extendidos de este tipo de activo es el blanqueo de capital. Presiones gubernamentales han conseguido que los paraísos fiscales sean menos condescendientes en este ámbito. De este modo, numerosos bancos de la mayoría de los países considerados paraísos fiscales, ahora inmovilizan las acciones con el fin de registrar cualquier tipo de movimiento y cambio de posesión. Con este tipo de medidas se pierde la esencia de este activo, así como todas sus ventajas en términos de confidencialidad y flexibilidad operativa. Las entidades bancarias son reticentes a aceptar cuentas de acciones al portador. Muchos bancos rechazan la inclusión de estas cuentas. Otros, exigen conocer el nombre del titular y el depósito del activo en el banco por parte del cliente, con el fin de evitar perder el control de las transacciones.

Por todo esto, este tipo de acciones están cada vez menos en uso. Si bien, existen herramientas para superar todas las trabas legales. La más común consiste en el uso de la figura del “nominee director”, que no es más que un falso titular. No es una solución total, puesto que aunque con este método se resuelven los problemas de confidencialidad, no se recupera la flexibilidad original. El proceso es sencillo: existe una tercera parte que figura en el documento como poseedor de la acción, mientras que de manera confidencial, se firma un contrato privado en el que se le reconocen los derechos del activo a su dueño real.

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