De la terminación por el arrendador del contrato de arrendamiento de inmuebles. Contextualización

No obstante estar considerando con adecuada exposición el álgido tema de la terminación del Contrato de Arrendamiento, incluso diferenciándolo profusamente intratándose de inmuebles destinados a vivienda urbana, de los destinados a actividades comerciales, u otras, como bodegas, parqueaderos, oficinas, consultorios, etc.,  precisando particularmente los diferentes requisitos para cada uno de los casos, hemos detectado tanto en la reiteración de consulta de nuestros amables visitantes, como de la infinidad de correos electrónicos particularmente recibidos, que nunca es suficiente, toda vez que, cuando el arrendatario es cumplidor de sus obligaciones contractuales, se constituye en un autentico dolor de cabeza para este, para el arrendador, e incluso para muchos colegas, por las razones particulares que sean, el momento de la terminación de la relación contractual, llegando a constituir incluso fuente de equívocos o no, arduos debates judiciales que trataremos de prevenir desde nuestros ya conocidos, académicos apuntes.

A efecto de no tornarnos pesados con la repetición de previas editoriales de amplia acogida, como tampoco con el copy page de conceptos, criterios, y doctrina  de respetables reconocidos eruditos en la materia, nos detendremos únicamente en la precisión de la Terminación del Contrato de Arrendamiento, en lo que hemos teorizado determinar como las tres vertientes generales que integran la figura, difiriendo a nuestros amables lectores a los links especializados en los cuales encontraran individualmente tratada cada una de los causales que se deslindan a su vez, de cada vertiente en particular.

Bajo este contexto, nos referiremos muy académicamente, a la Terminación del Contrato de Arrendamiento por Estipulación Legal, a la Terminación a causa de Intervención de Autoridad Competente, y por ultimo, a la Terminación por Estipulación Contractual; deteniéndonos mayormente en esta ultima ya que siendo la menor entendida, correlativamente representa el foco de confusión, incomprensión  y origen de la mayoría de los litigios, fundados o no, al respecto.

En principio y a manera de abrebocas, coincidamos que un Contrato, cualquiera que sea, verbal o escrito, y para nuestro caso, de Arrendamiento, no representa más que un acuerdo de voluntades de tan amplio espectro que se ha llegado a considerar, que de no contrariar disposiciones regulatorias especiales, es Ley para las partes involucradas, y en dicho sentido una vez convenido no se podrán las partes contratantes sustraer a su observancia o cumplimiento, solo que, sin restarle importancia, por facilidad de manejo y comprensión, partiremos de la existencia de contrato escrito.

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