De las obligaciones naturales al liquidar la sociedad conyugal

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Uno de nuestros amables visitantes nos deja esta inquietud que consideramos importante socializar en razón de la trascendencia del concepto por lo que la traemos a referencia: 

“…Cómo se llama técnicamente cuando en un divorcio se quiere dejar en el documento (de mutuo acuerdo) identificada una deuda que fue adquirida de palabra (sin documentos que soporten)  por la sociedad conyugal con un particular.
No se quiere se vender ningún patrimonio, sino que uno de los dos conyugues la asume completamente, pero se quiere dejarlo registrado en el documento como una obligación, pero insisto, no hay un documento que lo pueda evidenciar…”

 En principio y lacónicamente diríamos que “técnicamente” el documento se denomina Escritura Pública, si el Divorcio se efectúa ante Notario, o Sentencia, si se procede ante Juez.

Ahora, entronizando en el aspecto fundamental de la inquietud, tendríamos que precisar que, como en la inquietud,  si la deuda no se encuentra consignada en documento que la identifique, estaríamos hablando de una obligación “natural”, es decir, aquella que se encuentra en el plano intangible entre la moral y la equidad como principios inherentes a la naturaleza humana, por lo que, en esta condición de inmaterialidad, al no constar en instrumento alguno, no es posible exigirla legal ni judicialmente, y solo la volatilidad y arbitrio de la conciencia del deudor natural converge en el reconocimiento material en favor del acreedor para que este pueda recuperar el bien que oportunamente de buena fe prestó.

Ya los pormenores de las condiciones de persona, modo, tiempo, lugar y cumplimiento que quedaran plasmadas como pasivo de quien la asuma en la liquidación de la sociedad conyugal en la forma que quede consignada públicamente en la escritura o sentencia correspondiente, deberá dejarse en manos de un Abogado especializado para ser consignadas con exquisita precisión toda vez que esta clase de materializaciones podrían, como en efecto sucede, por la singularidad de su misma esencia, entenderse que se plasman en perjuicio de terceros acreedores de uno de los conyugues o de la misma sociedad conyugal, conllevando sobrevinientemente engorrosas acciones simulatorias.

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