Desinstitucionalización de las organizaciones

Por   22/09/2017

Hernando Gil Tovar
hergil@usco.edu.co
Con frecuencia se observan un buen número de organizaciones que han terminado haciendo cosas o prestando servicios muy diferentes a los objetivos iniciales, transformándose en organismos totalmente desfigurados, invadiendo el terreno de otras y al servicio de intereses no muy claros, siendo utilizadas, en un buen porcentaje, como fachada para el cumplimiento de objetivos distintos.
Entendemos el término: “organizaciones” como la expresión estructural de la acción racional, como mecanismos diseñados para alcanzar objetivos específicos. “organizaciones” como sistemas orgánicos adaptativos, afectados por las características sociales de los participantes así como por una variedad de presiones impuestas por su ambiente. La asociación de personas regulada por un conjunto de normas en función de determinados fines. Selznick (1948).
Toda organización tiene en su conjunto un propósito común, el cual debe ser evaluado con cierta periodicidad para reafirmar su validez y confrontarlo con su entorno.[1].
Este entorno, a su vez, ejerce gran presión sobre las instituciones, desconfigurándolas, aniquilándolas o transformándolas, siendo de vital importancia el definir claramente el conjunto de valores que las identifican y conforman su misión, su razón de ser, su identidad.

Para comprender la desinstitucionalización determinemos lo que enmarca el concepto contrario: la institucionalización. Definida como un proceso que refleja la propia historia de la organización y explica la forma en que la organización y los individuos han ido creando su nicho, interpretando los fenómenos, ocupando posiciones de poder y relaciones . El mantenimiento de las organizaciones no es simplemente un mero ejercicio de supervivencia sino que se transforma en una lucha por preservar un conjunto de valores únicos.

Al tomar un conjunto distintivo de valores, las organizaciones se convierten en estructuras con carácter, adquieren una identidad. La identidad es lo que da cuerpo a la organización, lo que la convierte en institución. La institucionalización es una idea neutral, que se puede definir como ” la emergencia de un modelo ordenado, estable, socialmente integrado alejado de actividades: inestables, libremente organizadas, o técnicas estrechas ” (Broom y Selznick, 1955: 238).

La fuente básica de la estabilidad y la integración es la creación de redes o compromisos sociales. La mayoría de lo que hacemos en la vida diaria es libre y reversible. Pero cuando las acciones tocan cuestiones importantes y valores o cuando se encajan en redes de interdependencia, las opciones son más limitadas.

La Institucionalización restringe la conducta de dos maneras principales: trayéndola dentro de un orden normativo, y haciéndola rehén de su propia historia. (Selznick, 1992: 232)

Los valores tienen un lugar central en la teoría de las instituciones. Necesitamos saber qué valores importan en el contexto actual; cómo construirlos en la cultura y la estructura social de la organización; y de qué manera se debilitan o se derriban.

Ver la corporación ” como una institución ” es ver la empresa como una empresa que marcha, tomando en cuenta los grupos interesados relevantes, atendiendo a los intereses a largo plazo, siendo sensible con la estructura operativa de autoridad.

La Teoría Institucional está en conflicto con la visión aún dominante de que la corporación es una asociación voluntaria de accionistas que poseen la empresa y que son los únicos miembros que realmente cuentan. La primacía del accionista ha tenido un efecto pernicioso sobre lo que llamamos la racionalidad corporativa. Si el referente corporativo es dar rendimiento al inversionista, es fácil suponer que la racionalidad consiste en la maximización del rendimiento del accionista. Eso es probablemente lo que quisieran los inversionistas individuales. Lo que es racional para ellos no es, sin embargo, necesariamente racional para la empresa, que se puede cargar con deudas como resultado de la toma del poder por ellos, disgregarse, e incluso ser saqueada. (Selznick, 1992: 347)

Nos encontramos en la actualidad frente al fenómeno de desinstitucionalizaciòn de nuestras organizaciones. Entre ellas las más representativas, a saber son: la familia, la iglesia tradicional o católica, la universidad, las empresas y el Estado. Estas han sido absorbidas por las corrientes de la modernidad[2] y la globalización[3], las que, de no tener una fuerte identidad y firmeza en los valores poseídos, invaden, toman posesión y controlan a todo tipo de organización sin distingo de clase social, económica, pensamiento político o religioso, tamaño o propósito.

En las familias los roles de sus integrantes han cambiado. El padre, ante el desempleo rampante tiene que asumir el papel antes destinado para la madre, como es el cuidado del hogar y de los hijos. La madre ha tenido que salir a competir en el mercado laboral, dejar sus labores tradicionalmente asignadas y desarrollar oficios antes destinados a los hombres. Los hijos, consumidores compulsivos de modernidad, desdeñan las tradiciones, valores sociales de su medio ambiente, y se entregan sin mayor reparo a todo tipo de ofrecimientos foráneos: moda, música, alocuciones, expresiones, etc. Esto no es malo ni bueno en sí mismo. El peligro está en la alineación y aceptación sin cuestionamiento alguno, permitiendo que sea absorbida por nuestras mentes y se entronice en nuestras vidas.

En el caso de la iglesia católica, desde hace varios siglos atrás, por no hablar desde sus comienzos cuando se fundaron las diferentes iglesias descritas por el apóstol Pablo en sus epístolas, luego los diferentes cismas sufridos por la institución a lo largo de su historia, ha perdido su propósito evangelizador y preservador de la doctrina de Cristo, dedicándose a la acumulación de riqueza y poder y a servir como instrumento de dominación al servicio de intereses particulares.

La otra organización es la universidad, la cual se ha dedicado a la transmisión de conocimientos, a la fabricación de cartones y a la creación de una clase social elite que sobresale por el título universitario poseído, más no por sus realizaciones y aportes a la comunidad. (Guebelly, J.E. (2005, 5 de febrero). El extravío de las universidades. En la columna El comentario de Elías.. La Nación. P.5).

La última de las grandes instituciones que queremos abordar es el estado, quien adolece de múltiples enfermedades y perdió definitivamente su rumbo norte y su identidad. Además de los problemas y diversos conflictos sociales que padece, sufre de una pandemia grave como es la corrupción y la tramitomanía.. El Departamento administrativo de la función pública ha dispuesto la suma de 2.676 trámites debidamente inventariados, desde que una persona nace hasta que muere, cuando compra casa, traspasa carro, monta un negocio o trata de hacer su pensión en el Seguro Social. En cuanto a la corrupción, un estudio del Banco Mundial y el gobierno demuestra que lo perdido por este flagelo en compras estatales y desvíos presupuestales en el año 2001 equivalió al 80 por ciento del déficit fiscal de ese año. (Página editorial. (2005, 20 de febrero). El tiempo, p. 1-18).

Al Hablar de la modernidad sabemos que nos embelesa con sus promesas de transformación, nuestra y la del mundo; pero amenazando con destruir todo lo que tenemos, sabemos y somos; manteniendo todo en un estado de perpetuo devenir, con una existencia local y limitada. (Marshall, B.(1.981, enero). La modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire. P. 1-2 )

En la actualidad podemos afirmar que todo lleva en su seno su propia contradicción. El hombre domina cada vez más sobre la naturaleza, pero al mismo tiempo se ha convertido en esclavo del mismo hombre o de su propia infamia. Todos los inventos y progresos parecen dotar de vida intelectual a las fuerzas materiales, reduciendo a la vez a la vida humana al nivel de una fuerza material bruta. (Ibidem. Pág. 6).

Otra característica de las organizaciones actuales, tanto en el contexto mundial como nacional, es la abolición de las luchas sociales por parte del estado de Administración total. Las masas no tienen identidad y sus almas están vacías de tensión interior o dinamismo: sus ideas, necesidades y hasta sus sueños no les pertenecen; su vida interior está totalmente administrada y controlada, programada para producir exactamente aquellos deseos que el sistema social puede satisfacer y eso es todo” (El hombre unidimensional: estudios sobre la ideología de las sociedades industriales avanzadas, Barcelona, Seix Barral, 1969).

La tecnología nos mueve como su objeto, siendo casi imposible resistir a las opresiones de la vida moderna, pues cada día nos adentramos más en ella, como en arenas movedizas al consumirnos a cada instante más y más, sin posibilidades de retroceso. (Marshall, B.(1.981, enero). La modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire. P. 24-25).

El otro fenómeno que afecta a las organizaciones es la globalización, la cual surge de la internacionalización de las empresas , la rivalidad internacional, la aceleración de la innovación tecnológica, la recesión económica, el exceso de capacidad productiva, la creciente presencia de empresas extranjeras en los mercados locales, las cuales se han visto forzadas a buscar y formar equipos directivos con mentalidad internacional, las integraciones económicas de los mercados y otros fenómenos actuales que rompen con la evolución económica internacional.

Ante tal panorama, el papel de la Administración y del administrador toma especial relevancia, haciéndose imperativo la formación de dirigentes y empresarios más enfocados en la razón de ser de las organizaciones: el ser humano. Es importante la estrategia, la estructura, los resultados y la adopción de instrumentos más modernos de gestión, pero no son todo.

Como administradores se debe comprender la importancia y particularidad de los contextos, motivarnos a desarrollar los talentos, ser buenos observadores, ser siempre aprendices de la realidad y, en especial, comprender y tener en cuenta la singularidad y complejidad de las personas.

“Un buen administrador es un hombre que intenta determinar ante todo, ante que tipo de organización se encuentra y en qué contexto aparece ella. Un ser político, que quiere decir ciudadano, un hombre de su tiempo, sensible al medio en que se va a actuar. Abierto, en el sentido intelectual de la palabra, reñido con la ortodoxia que lo encierra en su especialidad, sin transgredir límites. Decidido a la comprensión de su objeto de estudio, a través de todo lo que pueda gravitar sobre él. Un hombre humanista, un hombre abierto al reconocimiento de la complejidad de su objeto y al reconocimiento de su propia complejidad como individuo”.( Leschinsky, L. Perfil del administrador necesario. En La administración como ciencia. Pág. 66).
Como integrantes responsables de una sociedad y como objeto del estudio de las organizaciones, los administradores deben luchar por la preservación de los valores, la identidad cultural y el fortalecimiento de la Cultura organizacional. No puede haber aislamiento del contexto internacional, pues se requiere para el desarrollo integral del país; pero se debe hacer con conocimiento profundo de nuestra verdadera identidad y el compromiso de preservación, con claridad en los propósitos y objetivos que coadyuven al progreso de las instituciones. Hay que preguntarnos: ¿Quién soy y qué es lo que quiero ser?. No permita que los demás establezcan lo que usted debe ser y será en el mañana. Volvamos a la razón de ser de las organizaciones: el ser humano.

BIBLIOGRAFÍA

MARSHALL, B.(1.981, enero). La modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire. P. 1-2 ).

El hombre unidimensional: estudios sobre la ideología de las sociedades industriales avanzadas, Barcelona, Seix Barral, 1969.

Leschinsky, L. Perfil del administrador necesario. En La administración como ciencia. Pág. 66.

Página editorial. (2005, 20 de febrero). El tiempo, p. 1-18.

Guebelly, J.E. (2005, 5 de febrero). El extravío de las universidades. En la columna El comentario de Elías.. La Nación. P.5.


[1] Entendemos por entorno el conjunto de condiciones extrínsecas que necesita un sistema social para funcionar. El ambiente que rodea a toda organización.

[2] La aplicación del vocablo modernidad es el sentido de la afición a las cosas modernas con menosprecio de las antiguas. .

[3] La globalización la definimos como la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales; mientras que la internacionalización la esbozamos como la acción de someter a la autoridad conjunta de varias naciones, o de un organismo que las represente, territorios o asuntos que

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