Diferencia fiscal entre provisión de cartera y deudas manifiestamente perdidas

Fiscalmente existe una notable diferencia entre la provisión de cartera y las deudas manifiestamente perdidas.

La provisión de cartera, o deudas de dudoso o difícil cobro como se le conoce fiscalmente, corresponde a las deudas que por su nivel de morosidad suponen un cierto nivel de riesgo de impago, por tanto se van reconociendo en la contabilidad como provisión, provisión que es deducible en los términos del artículo 145 del estatuto tributario, en concordancia con el decreto 187 de 1975, quien regula la provisión de cartera.

Veamos lo que dice el artículo 145 del estatuto tributario:

Deducción de deudas de dudoso o difícil cobro. Son deducibles, para los contribuyentes que lleven contabilidad por el sistema de causación, las cantidades razonables que con criterio comercial fije el reglamento como provisión para deudas de dudoso o difícil cobro, siempre que tales deudas se hayan originado en operaciones productoras de renta, correspondan a cartera vencida y se cumplan los demás requisitos legales.

No se reconoce el carácter de difícil cobro a deudas contraídas entre sí por empresas o personas económicamente vinculadas, o por los socios para con la sociedad, o viceversa.

(…)

Este artículo se refiere  a la provisión de cartera que conocemos como provisión general o provisión individual [Ver: Provisión de cartera]

Las cuentas manifiestamente pérdidas o si valor, corresponden a las deudas que se han calificado como imposibles de cobrar, y aquí la gran diferencia con la provisión de cartera.

La provisión de cartera corresponde a las deudas que llevan una determinada morosidad pero existe la posibilidad de cobrarlas. Por ejemplo, es posible que el cliente se haya demorado un año en pagar pero aun existe la posibilidad de cobrarlas, así sea por la vía judicial.

Las deudas manifiestamente pérdidas no se pueden cobrar por ningún medio. Es el caso del deudor que ha muerto o ha desaparecido, o de aquella deuda que no está avalada por un título valor o cualquier otro documento suficiente para iniciar una reclamación judicial, lo que hace imposible su recuperación.

Las deudas manifiestamente pérdidas son deducibles en los términos del artículo 146 del estatuto tributario:

Deducción por deudas manifiestamente pérdidas o sin valor. Son deducibles para los contribuyentes que lleven contabilidad por el sistema de causación, las deudas manifiestamente perdidas o sin valor que se hayan descargado durante el año o período gravable, siempre que se demuestre la realidad de la deuda, se justifique su descargo y se pruebe que se ha originado en operaciones productoras de renta. Cuando se establezca que una deuda es cobrable sólo en parte, puede aceptarse la cantidad correspondiente a la parte no cobrable. Cuando los contribuyentes no lleven la contabilidad indicada, tienen derecho a esta deducción conservando el documento concerniente a la deuda con constancia de su anulación.

Las dos situaciones se pueden presentar. Es decir que se puede deducir un valor por provisión y un valor por concepto de deudas manifiestamente perdidas, siempre y cuando, claro está, que el valor manifiestamente perdido no haya sido deducido como provisión, puesto que ello  supondría una doble deducción de un mismo valor, situación que no procede fiscalmente.

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