Efectos del autoavalúo como base gravable del impuesto complementario de normalización

Tal como lo reseñamos anteriormente, los contribuyentes que opten por normalizar los activos omitidos, lo pueden hacer por su autoavalúo siempre que no sea inferior al valor patrimonial del activo, y dicho valor será considerado precio de adquisición de conformidad con el artículo 37 de la ley 1739 de 2014.

Vimos también, como la DIAN mediante concepto 764 de 2015 señaló que dicho autoavalúo no puede entenderse únicamente de los bienes inmuebles sino que debe aplicar a los activos omitidos en general.

Ahora bien. ¿Qué sentido tiene normalizar un activo por un mayor valor al real? Tiene todo el sentido del mundo, pues al ser considerado precio de adquisición sobre el mismo dependiente del tipo de activo procederá su depreciación, y en esa medida se recuperará lo pagado por impuesto a la riqueza y de normalización.

Veamos un ejemplo.

Una sociedad, omitió una edificación de $500.000.000 (valor patrimonial), sin embargo en virtud del autoavalúo pretende normalizar dicho activo con un autoavalúo de $1.000.000.000

.En esa medida, pagará los siguientes impuestos

Impuesto a la riqueza                      ($2.000.000)

Impuesto de normalización            ($100.000.000)

Total                                                $102.000.000

Sin embargo, como la base gravable es precio de adquisición, y  teniendo en cuenta que las edificaciones les aplican la depreciación de  20 años por linera recta. En un año tendrá una depreciación de $50.000.000, sobre los cuales ahorra en impuesto de renta y cree (más sobretasa) el 39%, es decir, $19.500.000.

Suponiendo que la tarifa del 39% se mantenga. Al cabo de 5 años habrá recuperado lo pagado por impuesto de normalización, y le quedará a favor 14 años de depreciación.

Es decir, que en el año 20 donde la edificación se deprecia en su totalidad, la empresa por concepto de depreciaciones se ahorró $390.000.000 en renta y cree más sobretasa, entre tanto que pago un impuesto de normalización y riqueza $102.000.000.

Tuvo una rentabilidad 382%.

Aunque este ejemplo puede ser objeto de múltiples discusiones, lo cierto es que la norma al establecer que dicho autoavalúo sea considerado precio de adquisición permite que el mismo se considerado como costo fiscal, y sobre el mismo aplicar depreciación, lo que conlleva no solo  la recuperación del impuesto de normalización tributaria y el impuesto a la riqueza e inclusive rentabilizar el hecho de haber normalizado el activo.

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