El arte de convertir ingresos en patrimonio

Ser millonario no es tan fácil como parece. Incluso puede ser imposible para aquellos que por un golpe de suerte se ganan un premio de lotería o reciben una cuantiosa herencia,  y la razón de ese fracaso se debe a que convertir los ingresos o el dinero en capital o patrimonio es todo un arte que la mayoría de las personas no domina.

En una nota anterior dijimos que el ahorro no genera ingresos, pues para generar ingresos es preciso invertir, e invertir significa convertir unos ingresos en patrimonio, en capital que luego produzca rendimientos.

Tener una gran empresa o desarrollar una gran idea es mucho más que invertir dinero en ella. Para tener éxito hay que saber invertir, saber tomar decisiones en el momento oportuno, ser visionario, tener olfato como dirían los abuelos, y eso no es una virtud de la mayoría de las personas.

Gestionar el dinero es un negocio de alto riesgo, y tan es así que mucha gente, que, como lo decíamos al principio, tiene la suerte de ganarse una premio, en poco tiempo termina perdiéndolo todo por malas inversiones, o porque simplemente se dedicó a consumir bienes de lujo, y como decían los mayores, donde se saca y no se echa se termina acabando.

Igual sucede con las empresas familiares, donde la tercera generación por lo general termina quebrando la empresa: la primera generación crea la empresa, la segunda la hace crecer, y la tercera malgasta la fortuna que dejaron sus abuelos. Ejemplos hay muchos en nuestro país.

La gente suele decir: si yo tuviera plata haría esto o aquello, pero luego la tienen y son incapaces de traducir sus deseos en rendimientos y crecimiento.

Hay personas que ven negocios en todas partes, en tanto la mayoría ni siquiera lo consideran, y las primeras personas por lo general no requieren de mucho dinero para llevar a cabo sus ideas, y las segundas, por más dinero que tengan, no se les ocurren qué hacer con ese dinero, y si acaso se les ocurre algo terminan perdiéndolo.

La razón de esa dificultad sea que quizás carecemos de formación financiera. Nuestra sociedad y el sistema educativo nos forman para buscar trabajo en una empresa, o  para ser político o funcionario, pero no enseña cómo se gestiona el dinero, cómo se invierte, cómo se toman decisiones, y mucho menos se enseña a entender cómo funciona la economía, o cómo funcionan los negocios.

La gestión financiera si acaso la enseñan tangencialmente a nivel universitario y algo más seriamente a nivel postgrado o maestría, cuando ya es bastante tarde para moldear la mentalidad y las aptitudes de una persona. La gestión financiera es algo que debería perseguirse desde pequeños, y con participación tanto de la educación formal como la familiar, y esta última es quizás la más importante, pues va acompañada con el ejemplo: en una familia donde hay empresarios, emprendedores y visionarios, los niños cuentan con elementos que les pueden facilitar el proceso de aprendizaje y asimilación, pero debe ser una política integral, de la mano con el estado y con el entorno cultural propicio, porque si no el resultado será el de siempre: la tercera generación quiebra las empresas creadas por la primera.

Convertir ingresos en patrimonio se debe trabajar y perseguir como si fuera un arte, y debe ser una política educativa y un propósito tanto individual, familiar y social.

Contenido relacionado:
Compartirlo
Gerencie.com en su correo.

Suscríbase y nosotros colocaremos en su bandeja de entrada la mejor información que generamos diariamente.


Déjenos su opinión

Una opinión
  1. MAHOMA dice:

    Cordial Saludo ,Gracias por sus Ayudas.

En Gerencie.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc., pero debe hacerlo con respeto, sin insultar y sin ofender a otros.

Información legal aplicable para Colombia.