El consentimiento de ambos cónyuges en el divorcio

El consentimiento de ambos cónyuges como causal de divorcio/cesación de efectos civiles de matrimonio eclesiástico. 

Novena y última causal establecida en el Artículo 6º de la Ley 25 de 1992, en su momento histórico se consideró de avanzada al enfrentar porque no, de manera directa las arcaicas convicciones eclesiásticas en cuanto que “lo que Dios une solo la muerte lo separa” haciendo eco de la realidad material en cuanto que precisamente el mutuo consentimiento para el matrimonio “por la iglesia”, de igual forma debía ser reconocido y primar para la cesación de sus efectos civiles, reconociéndose así en el “Divorcio Express”, una institución necesaria para la salud mental de la familia, ya que cuando se hace imposible la sana convivencia de los conyugues, mantener una unión “por los hijos” o “porque lo manda dios”, carece de sentido alguno distinto a equivocados e ignaros principios de psicología de pareja.

No obstante la bella inspiración anterior, como reza el dogma popular, “hecha la ley, hecha la trampa”, al consagrase legalmente “…el consentimiento de ambos conyugues ante juez competente…”, ni más ni menos, trajo como consecuencia, para regocijo de algunos, la relativa inaplicabilidad de la causal, toda vez que una pareja que ya no convivía, o que al menos uno de sus miembros había reorganizado su vida, o que por lar razones que fuesen con tal de no volver a saber de su ex-media naranja, se le había desubicado, tenían no solamente que volverse a ver ante el juez de familia, sino someterse al albur de su incumplida agenda, una, dos y tres veces a ver si lo encontraban para que celebrara la audiencita correspondiente, de tal forma que el cónyuge, o los conyugues para beneficiarse de la Ley 25 de 1992, aguardaban dos años de separación de hecho para invocarla esta causal y no la inmediatez de la aquí tratada.

Tuvieron que pasar 13 años, y presentarse un sin números de situaciones evitables, hasta que por fin, el 8 de julio de 2005, se promulga la Ley Anti tramites más agresiva que como colcha de retazos entró derogando y sin derogar a regular cuanta materia le pudieron colgar, y es así como en su Artículo 34 determinó:

“…ARTÍCULO 34. DIVORCIO ANTE NOTARIO. Podrá convenirse ante notario, por mutuo acuerdo de los cónyuges, por intermedio de abogado, mediante escritura pública, la cesación de los efectos civiles de todo matrimonio religioso y el divorcio del matrimonio civil, sin perjuicio de la competencia asignada a los jueces por la ley.

El divorcio y la cesación de los efectos civiles ante notario, producirán los mismos efectos que el decretado judicialmente.

PARÁGRAFO. El Defensor de Familia intervendrá únicamente cuando existan hijos menores; para este efecto se le notificará el acuerdo al que han llegado los cónyuges con el objeto de que rinda su concepto en lo que tiene que ver con la protección de los hijos menores de edad…”

De tal forma, que, aunque sin derogarse el Numeral 9º del Artículo 6º de la Ley 25 de 1992, si entró en la práctica al desuso total de la causal Novena, al tenerse ahora sí, un procedimiento ágil, decente y acorde con las realidades, hasta el punto que al ser un trámite necesariamente a través de abogado, este podrá, debidamente facultado, firmar la escritura correspondiente en representación de uno o ambos cónyuges, sin que estos, tengan que atormentarse por última vez, encontrándose en el Despacho Notarial.

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2 Opiniones
  1. Angélica dice:

    Revisé que hubo un fallo de la Corte Constitucional donde se demandó este artículo por vulnerar el libre desarrollo de la personalidad al no permitir el divorcio unilateral. Esta vez desatinadamente se declaró exequible la norma argumentando la protección a la familia, lo cual me parece que es demasiado conservador y además incrementa el malestar propio del divorcio, detonando guerras internas entre la pareja en el viacrucis para divorciarse.

    • Fernando Calderón Olaya dice:

      Compartimos plenamente su apreciación,
      el divorcio debería operar de la libre voluntad de cualquiera de los conyugues sin tanto requeñeque

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