El dilema de la protección de las patentes

Sobre la protección que los estados ofrecen a los patentes, existen muchos puntos de vista, y como en todo, unos en contra y otros a favor.

Las patentes buscan proteger a los inventores e innovadores, pero a la vez limita el acceso a la tecnología en la medida en que impide que otras personas u empresas hagan uso de la tecnología patentada.

Si una empresa o persona inventa algo y lo patenta, nadie más podrá hacer uso de ese invento sin la debida autorización y pago de derechos, pero en algunos casos, ni pidiendo autorización ni pagando es posible, por lo que se priva al resto de la sociedad del uso de ese nuevo invento.

Algunos opinan que las patentes se deben abolir por cuanto el conocimiento debe ser de propiedad de la humanidad, algo que sería ideal pero con seguridad no sería prudente.

El problema radica en que para inventar algo hay que investigar mucho y por supuesto, invertir mucho, lo que hace suponer que la persona que investigó, trabajó e invirtió para inventar algo, busque proteger y rentabilizar su trabajo, lo cual es apneas comprensible y hasta necesario.

Si se eliminan las patentes, se desestimula la innovación, puesto que nadie querrá invertir y trabajar duro para que otros que se aprovechen de su trabajo, lo que terminará afectando a toda la sociedad por cuanto no se logran mayores avances tecnológicos.

Hay empresas y personas que no investigan, que no invierten, que no trabajan, sino que se limitan a esperar que otros lo hagan para luego ellos beneficiarse sin haber hecho ningún esfuerzo, y curiosamente estas son las personas que proponen la eliminación de las patentes.

Pero también está la otra cara de la moneda. Los propietarios de las patentes que abusan de ella, que las utilizan para crear monopolios, para conseguir más dinero de lo éticamente aceptable, caso de las farmacéuticas que se han hecho millonarias a costa de la salud humana.

Esto supone la necesidad de crear un equilibrio entre el interés del inventor y el interés de la sociedad, de manera que los dos ganen. No está bien que al inventor se le impida rentabilizar su trabajo, pero tampoco está bien que se le permita al inventor utilizar sus inventos abusivamente.

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