El emprendedor debe estar abierto a la crítica para acortar el camino a la excelencia

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En todo negocio, grande o pequeño, es preciso escuchar a las personas que de una u otra forma están relacionadas con ese negocio, como son empleados, clientes, proveedores, etc., y no hacerlo es perder una oportunidad para mejorar.

Muchas veces el emprendedor se apasiona tanto con su proyecto que cree que todo es perfecto, y lo consciente tanto que no permite las críticas de ningún lado; lo trata como si fuera sin hijo de modo que considera que nadie tienen derecho a opinar sobre él, y mucho menos a expresar críticas.

Las críticas son necesarias  por cuanto nos permite identificar las falencias que sólo personas ajenas al proyecto pueden identificar o experimentar.

La bola de cristal que impide ver la realidad.

Desde nuestro pedestal todo puede parecer correcto, perfecto, pero por nuestra negativa a recibir críticas creamos una burbuja alrededor nuestro que impide que las falencias lleguen hasta nosotros,  y de ese continuamos el camino imaginando un mundo perfecto cuando en realidad no lo es.

Para el emprendedor es imposible conocer en detalle los procedimientos de cada una de las áreas del negocio, de manera que de forma directa no puede conocer la realidad de lo que sucede, y esa realidad sólo llega a nosotros por medio de la opinión de terceros, pero si no tenemos disposición de escuchar esas opiniones y críticas, jamás nos enteraremos de nuestras falencias.

Las críticas son necesarias para identificar nuestros errores y corregirlos, por lo tanto son increíblemente valiosas y no ofensivas como muchos suelen interpretar.

Cuando un cliente nos critica, no está haciendo un gran trabajo, por cuando nos está señalando los aspectos  a mejorar, y en lugar de ofendernos por ello, deberíamos estar muy satisfechos, pues nos hace el camino más corto hacia la excelencia.

Hay errores y fallas que sólo un tercero puede detectar y comunicar. Hay errores que un asesor o consejero que ha costado mucho contratar no puede identificar, en cambio un cliente que no nos cobra nada y en su lugar nos genera ingresos, nos lo puede advertir.

Es claro que no somos perfectos y es muy seguro que algo estamos haciendo mal, y sólo quien sufre las consecuencias de nuestras equivocaciones, pueden dar cuenta de ellas.

Por eso, aunque una crítica pueda ofendernos, o insultar nuestro ego, se le debe otorgar la dimensión real, y se debe valorar de una manera objetiva desprendida de toda emoción para ver el valor que ella pueda tener para mejorar nuestros procesos, nuestros servicios o productos.

El cliente todo el tiempo nos está evaluando, y es una evaluación que no nos cuesta nada y que ayuda mucho, por lo tanto hay que estar abiertos a recibir críticas.

Recibir elogios es muy bueno para el alma, pero para el negocio lo bueno es que nos señalen los errores.

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