El malévolo juego detrás de los instrumentos financieros conocidos como CDS

Uno de los instrumentos financieros modernos más criticados por su papel en la especulación financiera que ha derivado en la crisis de los mercados financieros y la quiebra de varios países, son los llamados CDS (Credit Default Swap), una especie de seguro contra el riesgo de impago  que ha sido utilizado de una manera no muy clara para especular contra un país y así obtener beneficios.

Es normal que cualquier persona o empresa que invierta dinero en títulos financieros debe adquirir un seguro ante la eventualidad que quien expide o respalda el título,  o de quien adquiere una deuda,  no pueda pagar; aquí no hay nada anormal ni especulativo.

No obstante, tratándose de los CDS, estos se pueden adquirir aun cuando quien lo compra no tenga ningún riesgo que asegurar. Quien compra un seguro contra incendio de una casa es porque es dueño de la casa o tiene intereses en ella, de modo que existe un riesgo que desea cubrir, pero en el caso de los CDS no es necesario tener casa para asegurarla. Puede asegurar la del vecino.

Es más o menos como apostar a la desgracia ajena. Supongamos un inversor que no tiene nada que ver con Grecia y su deuda, pero  no obstante a ello compra un “seguro” por si Grecia no paga lo que debe, de modo que si Grecia no paga, la aseguradora pagará ese seguro aun cuando el adquiriente del seguro no tenga absolutamente nada que ver con la deuda griega.

En realidad los CDS no se deberían llamar seguros, sino apuestas, puesto que se está apostando al resultado de algo ajeno a quien lo adquiere.

Para tratar de explicar este complejo instrumento, supongamos un caso más cercano a nuestra realidad:

Pedro se entera  que un señor del  otro lado de la cuidad, al que no conoce  pero que se entera  de él por  un amigo  que tiene en un concesionario, compró un vehículo en el concesionario donde trabaja su amigo.

Como es de suponer, comprar un carro supone un riesgo. Cualquier día de estos el señor se puede estrellar y hay que asegurar el carro para no perder el dinero del carro que fue avaluado en 80 millones de pesos.

Pedro no conoce al señor que compró el carro, y no tiene nada que ver con el carro que compró ese señor desconocido, pero aún así decide asegurar el vehículo que ese desconocido compró, de manera que si el señor se estrella, la aseguradora le pagará a Pedro el valor asegurado, así que Pedro apuesta a que ese señor desconocido se estrellará y con ello ganará mucho dinero.

Inicialmente Pedro pretendía asegurar ese vehículo desconocido por su valor comercial de  80 millones de pesos, pero luego de investigar un poco más con su amigo del concesionario y amigos de este, se entera que ese señor es alcohólico, de modo que supone que el riesgo de estrello es más alto, así que decide mejor asegurar ese vehículo que no es suyo por 200 millones de pesos.

Pero pasa el tiempo y ese borracho desconocido no se estrella, lo cual es muy malo para Pedro pues empieza a perder su apuesta, así que con sus red de amigos y contactos, persuade a ese  desconocido para que se embriague y viaje por una vía de alto riesgo, y a la vez, Pedro envía a otro amigo, que no está borracho para que lo siga y en algún punto de la vía realice una maniobra peligrosa que haga salir de la vía a la víctima, y en efecto el señor estrella su carro y se mata con toda su familia. Pedro ha ganado su apuesta. Ahora puede cobrar el seguro que compró.

Es más o menos como funciona el mercado de los CDS en el mundo financiero. Así han llevado a la ruina a Grecia y a Irlanda, y están a punto de cobrar la apuesta realizada sobre Portugal, España e Italia. Y ya se rumora que la siguiente apuesta va por Francia.

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