El problema de Colombia no es la deuda externa

El problema de Colombia no es la deuda externa, la cual en comparación con países desarrollados es infinitamente menor.

A manera de ejemplo, la deuda pública externa no llega ni al 20% del PIB, mientras que países como Japón tienen una deuda pública que duplica su PIB, Italia que supera el 100% del PIB y los mismos Estados unidos que casi deben lo que producen en todo un año.

Desde ese punto de vista, la deuda externa no es más que una excusa para ocultar o no enfrentar los verdaderos problemas que nos tienen en la pobreza.

El país tiene problemas estructurales, y sobre todo, de cultura que le impide progresar así no tuviera deuda externa pues alguna vez no la tuvo y aun así nunca ha progresado.

Problemas estructurales como la corrupción, la ineptitud e incompetencia de la clase dirigente, son quizás los problemas más graves.

Pero también tenemos una cultura que impide desarrollar empresarios, innovadores, gente crítica e investigadora. En Colombia los recursos sobran pero falta quien los aproveche; escasamente algunos extranjeros nos despojan de esos recursos, pero en general esos recursos siguen ahí  esperando que alguien los utilice, o se los robe como seguramente sucederá cuando lleguen más multinacionales al país.

Existe un gran problema de educación, de formación, de políticas claras, consistentes y de largo plazo. Nunca ha habido un verdadero plan de desarrollo.  Nunca se ha hecho un estudio serio que nos diga qué debemos hacer, o por lo menos nos diga que es lo que tenemos o no tenemos, y si no sabemos eso no habrá forma de elaborar planes y estrategias para avanzar, si es que hubiera la intención.

Los programas de gobiernos municipales, departamentales y nacionales, distan mucho de corresponder a una realidad y a una intención de progreso. No son más que improvisaciones que no obedecen a la satisfacción de una necesidad o un objetivo cierto y preciso, son más planes mediatos y mediáticos, sin ningún fin diferente que alimentar la burocracia y el clientelismo. El único fin de estos planes de gobierno y desarrollo no es otro que la sobrevivencia de quienes en el momento ostentan el poder, pero no hay nada a largo plazo que vaya dirigido a generar desarrollo o crecimiento.

Estos y muchos otros problemas son nuestro verdadero problema, y no la deuda externa ni las órdenes del FMI o Banco mundial que debemos cumplir para que nos presten plata. Eso es sólo retórica barata utilizada por nuestros verdaderos verdugos para desviar nuestra atención de los verdaderos culpables de nuestra pobreza y fracaso.

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