El sueño americano convertido en pesadilla

Resulta paradójico que la lucha por alcanzar algo del sueño americano, llevó a muchos estadounidenses a una verdadera pesadilla.

Uno de los sueños y objetivos de todo estadounidense, es tener su propia casa, y entre mejor sea esa casa, pues mejor será el sueño, y en contraste, más grande resultó la pesadilla.

Y es allí donde se puede encontrar el origen de la crisis inmobiliaria que luego terminó en la enorme crisis financiera que ya conocemos.

Cuando empezó el boom de la construcción en los Estados unidos, muchos propietarios de vivienda adquirían créditos hipotecarios para hacerse a una vivienda,  vivienda que luego vendían a un buen precio obteniendo una utilidad en el proceso.

Esto llevó a que muchas personas incursionaran en el juego, puesto que los precios de las viviendas ofrecían un futuro de muchas ganancias debido a que subían constantemente.

Como el negocio era tan bueno y mucha gente quería entrar en él, los bancos no quisieron quedarse atrás y empezaron a otorgar hipotecas sin reparar en requisitos, de modo que cualquiera podía acceder a una vivienda, así no tuviera capacidad de pago.

En ese festín entre personas en el que participaron personas comunes y corrientes, bancos, inversores y colocadores de hipotecas, se olvidó que las ganancias súbitas por lo general llevan inmerso un alto riesgo, y cuando este se hizo evidente era ya demasiado tarde.

Un día los dueños de las casas amanecieron con que sus casas ya no valían nada, le banco con que la hipoteca valía más que la casa que la garantizaba, los inversores vieron que no podían recuperar su inversión, y los colocadores de hipotecas amanecieron sin trabajo. El sueño era ya una pesadilla para casi todos.

Claro, ante un panorama así, la economía se resintió y muchas personas perdieron el empleo. Los bancos se vieron sin liquidez y sin confianza, de modo que le resultaba difícil conseguir dinero.

Cuando todos consumieron y compraron sin medida, hubo lucro para todos, pero cuando todo recuperó su justa dimensión, no quedaron sino enormes deudas impagables e inversiones irrecuperables.

Muchos estadounidenses perdieron sus casas y empleos y aun así quedaron con enormes deudas, deudas que debieron perder los bancos degenerando ya en una crisis no inmobiliaria sino financiera de alcance global.

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