El trabajo suplementario o extra no es un derecho del trabajador

Como ya hemos hablado en el pasado, el trabajo suplementario, también conocido como extra, no es un derecho del trabajador.

Quiere decir esto que el trabajador no puede exigir a su empleador la asignación de horas extras con el fin de mejorar sus ingresos, razón principal por la que se suele presentar tal exigencia.

Al respecto, la Corte constitucional en sentencia T-326 de 1994 expuso que:

Puede ocurrir que una persona se vea impelida a trabajar horas extras, caso en el cual se le debe una justa remuneración. El derecho, pues, en el caso de la jornada extra no es en sí la facultad de hacer una labor suplementaria, sino la remuneración que ella genera.

Cabe preguntarse: ¿La labor suplementaria hace parte del núcleo esencial del derecho al trabajo?  Lo que resalta a la vista es que si la labor que se realiza es suplementaria, no es esencial, y al no serlo, obviamente no puede estar comprendida dentro del núcleo esencial del derecho al trabajo.  Lo anterior no implica que se desconozca que en algunas ocasiones sea necesario realizar una jornada suplementaria, evento en que, antes que un derecho, constituye una obligación.

El punto determinante de una jornada extraordinaria es la intensidad del trabajo requerido para lograr los objetivos propuestos.  Por tanto, no es en sí el arbitrio del patrono, ni la supuesta facultad del trabajador, los factores que justifican la jornada extraordinaria, sino la necesidad misma que determina el deber de ejecución.

Claro está que pueden presentarse situaciones en las cuales se excluya arbitrariamente a algunos trabajadores de la obligación de trabajar horas extras, de suerte que cabría la hipótesis de una discriminación.  Esta es una de las denuncias que hacen los actores, quienes sostienen que por estar sindicalizados son excluidos de la participación en la jornada extraordinaria.

En casos como el señalado es conveniente hacer  una distinción entre discriminación y selección por parte del patrono. Discriminar, jurídicamente hablando, es una medida no adecuada, por cuanto implica una diferenciación sin razón legitimante; de suerte que vulnera necesariamente le derecho a la igualdad, pues se convierte en una actitud desproporcionada. En cambio, seleccionar supone la escogencia con base en la conexidad entre las condiciones del candidato y el resultado esperado, en aras de la proporcionalidad entre la capacidad del trabajador y el fin propuesto.  Siempre debe haber, en atención a la calidad del trabajo, una selección y un control.

Por lo demás, cabe recalcar que la jornada suplementaria no puede ser asimilada, en estricto sentido, a la jornada ordinaria, por cuanto su efecto remunerativo siempre es extraordinario.

La norma general se refiere a lo ordinario.  Como la labor suplementaria viene determinada por la necesidad, y no por la pretensión o facultad del trabajador, no puede interpretarse que existe el derecho a la jornada extraordinaria, sino el derecho a la igualdad de oportunidades ante ella. Pero cuando se habla del derecho a la igualdad, se debe advertir que ésta no consiste en la identidad absoluta o en dar a todos exactamente lo mismo, sino en la proporcionalidad en el trato a los trabajadores según su capacidad y necesidad.

Importantes las precisiones de la Corte constitucional que dejan en claro varios conceptos relacionados con la asignación de trabajo suplementario, el cual es facultad del empleador y obligación del trabajador, pero que eventualmente podría derivarse aspectos como la discriminación, pero que son un asunto distinto.

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