Enfermedad grave como causa de divorcio

Enfermedad o anormalidad grave e incurable, física o síquica, de uno de los cónyuges, que ponga en peligro la salud mental o física del otro cónyuge e imposibilite la comunidad matrimonial como causal de divorcio/cesación de efectos civiles de matrimonio eclesiástico. 

Sexta causal establecida en el Artículo 6º de la Ley 25 de 1992, que genera toda suerte de discusiones y divisiones doctrinales y jurisprudenciales, toda vez que de una parte se entendería gravemente menoscabado el principio de solidaridad conyugal promulgado en el matrimonio católico, en la cual los conyugues prometen solemnemente “estar juntos toda la vida en la salud y en la enfermedad”, asi como el compromiso de “auxilio mutuo”, “socorro y ayuda” propios de la definición contenida en el Artículo 113 del Código Civil, y de otra parte, de no existir se entendería descalabrado el derecho constitucional fundamental al libre desarrollo de la personalidad del cónyuge sano, ya que nadie está obligado hasta el sacrificio a convivir y llevar como propio, el lastre de quien ha adquirido una enfermedad infectocontagiosa, degenerativa o ha sobrevenido en malformaciones físicas de tal magnitud que impidan la comunidad matrimonial.

Apartándonos de una posición en cualquier sentido para pecar de simplemente exegetas, nos limitaremos a concretar que la estructuración de esta causal a más de ser compleja es tremendamente desgastante para quien la invoca, pues debe acreditar la enfermedad grave e incurable del cónyuge demandado, amen que  debe ser de tal magnitud que ponga en peligro la salud física o mental del cónyuge demandante, al tiempo que imposibilitar absolutamente la mutua comunidad matrimonial.

No obstante lo anterior, convenimos en sentar que aún es discutible si esta causal abarca el estado de discapacidad o incapacidad física sobreviniente tanto a un estado de salud previo, como sobreviniente a un accidente o situación de cualquier naturaleza que aunque conlleve la imposibilidad de la comunidad matrimonial, ponga en peligro la salud física o mental,   discapacidad e incapacidad no se consideran sinónimo de enfermedad, como tampoco de anormalidad.

Al efecto, valga sentar que aunque se les refiere indistintamente como sinónimos, Discapacidad e Incapacidad son diametralmente autónomos y diferentes; de una parte,  DISCAPACIDAD, es definida por la  O.M.S. como “la pérdida de la capacidad funcional secundaria, con déficit en un órgano o función, y que trae como consecuencia una minusvalía en el funcionamiento intelectual y en la capacidad para afrontar las demandas cotidianas del entorno social”, siendo de tipo Físico, cuando afectan a los movimientos como la espina bífida, síndrome post-polio o parálisis cerebral.; de tipo Sensorial, cuando afectan uno o más sentidos como la ceguera o la sordera; de tipo Cognitivo, como el autismo o el Síndrome de Down, y de tipo Psiquiátricas, como la Depresión o la esquizofrenia.

En tanto, para finalizar, la INCAPACIDAD, tendremos que mirarla desde dos aristas, la general de acuerdo a la definición de la RAE, como un “ Estado transitorio o permanente de una persona que, por accidente o enfermedad, queda mermada en su capacidad laboral.”; y la  jurídica, proveniente de la carencia de capacidad a aptitud para ser titular de derechos y obligaciones; de ejercer o exigir los primeros y contraer los segundos en forma personal y comparecer a juicio, que permite crear, modificar o extinguir relaciones jurídicas de forma voluntaria y autónoma.

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Una opinión
  1. Felipe dice:

    Hola Buen dia, necesito asesoria sobre un tema. Mi pareja tiene problemas de control de ira y celos. Tenemos un hijo de 2 años y en muchas ocasiones grita sin poder parar muchas cosas ofensivas que yo no me lo tomo personal porque se que su condicion emocional/mental no esta bien. Desde el nacimiento de nuestro hijo comenzo a ponerse peor, sumandole una depresion post parto e inseguridades. En ocasiones se sube al carro y arranca en muy mal estado con el niño en el carro (en su silla) pero va tan molesta que no sabe ni a donde va. Le gana la ira y falta de control. Ella ha aceptado ayuda pero no es constante. Temo por la integridad de mi hijo ahora ya mas que nada, por ella tambien pero si no se deja ayudar no puedo hacer mas yo. Y yo ya me canse. Por mas que la ame no me es dificil seguir asi. Ella no se detiene para gritar frente a al niño. Es buena persona pero pierde sus cabales y se desboca y no sabe detenerse una vez enojada y culpa a todos los demas. Hasta un berrinche del niño la saca de sus casillas. No quiero hacerle daño ni a mi hijo pero necesito saber cual es la mejor opcion legal para que todos salgamos beneficiados en una separacion/divorcio. saludos Felipe

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