Es mejor sobreestimar los gastos y subestimar los ingresos

Cuando se hace un presupuesto o una proyección, es preferible sobreestimar los gastos y subestimar los ingresos y no lo contrario.

Cuando se realiza una evaluación financiera de un proyecto o de una empresa cualquiera, en ocasiones se tiende a inflar los ingresos y a minimizar los costos y gastos con el objetivo de presentar buenos resultados.

Se supone que cualquier información financiera tiene como objetivo servir de soporte para la toma de importantes decisiones, por tanto, no se puede correr el riesgo de decidir con base a información en cuya elaboración no se ha sido prudente, conservador.

Sucede mucho en las empresas, que presionados por mostrar buenos resultados económicos, los encargados de la parte financiera deciden realizar ajustes a la contabilidad, a sus proyecciones, con el único objetivo de mostrar información positiva, decisión que puede ser de alto riesgo.

Cuando se pasa de las proyecciones a las ejecuciones, la realidad casi siempre resulta ser más negativa que las gráficas de los proyectos, por tanto, es mejor ser prudente en la proyección para que al ejecutar el proyecto, en caso que este debe enfrentar dificultades, pueda sobrevivir.

Ser prudente en las proyecciones, equivale a crear un colchón de seguridad, que tiene por objetivo el cubrir cualquier desfase en la ejecución del proyecto.

Un proyecto que ha sido realizado de forma objetiva, si resulta viable difícilmente fracasará, puesto que dentro de las proyecciones ya se han incluido las consecuencias financieras de cualquier imprevisto negativo.

Es preferible por ejemplo, proyectar la venta del 90% de los bienes que se pueden producir y no proyectar la venta del 100%, puesto que en la eventualidad de que no se logre el objetivo, los ingresos muy posiblemente no alcancen a cubrir el margen de contribución.

Igual sucede con los gastos. Es mejor que en la realidad, los gastos sean inferiores a los proyectados, puesto que en caso de no alcanzar la meta proyectada en ingresos, el haber sobreestimado los gastos, ofrecerá un colchón de seguridad importante.

Ninguna proyección es infalible, pero es mejor apostar por la prudencia que ser muy eufóricos a la hora de hacer planes. Como dice el adagio popular: es mejor que sobre y no que falte, máxime cuando de suceder se puede comprometer seriamente el futuro de la empresa o del proyecto.

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