Es un hecho. La tecnología desafía nuestros trabajos tradicionales

La tecnología elimina trabajos pero a la vez crea nuevas oportunidades, y el desafío es identificar esas nuevas oportunidades y prepararse para sacar provecho de ellas.

Cada innovación implica que algo obsoleto queda atrás, y quien  se ganaba la vida haciendo eso que ahora hace la tecnología, se siente abrumado, sobre todo si no había anticipado el cambio que lo sorprende sin darle suficiente tiempo para reinventarse.

La primera reacción es la resistencia, pero ello no nos lleva a ningún lado, porque la tecnología introduce cambios a gran velocidad,  y son cambios que no se pueden evitar y a los que no nos podemos resistir.

Sucedió con cada tecnología que ha surgido en el pasado y seguirá pasando lo mismo en el futuro.

En los últimos tiempos han desaparecido muchos empleos tradicionales pero han surgido otros, y esos nuevos empleos han sido aprovechados por quienes supieron aceptar el cambio y supieron adaptarse a las nuevas necesidades.

Hoy  máquinas y  software hacen muchos de los trabajos que en el pasado hacíamos manualmente, y no por ello debemos enfrentarnos a las máquinas, sino que debemos evolucionar con ellas para ocupar los nuevos puestos derivados de la utilización de esas máquinas y software, o para ofrecer servicios complementarios.

Debemos tener plena conciencia de que la forma en que hoy nos ganamos la vida tiende a cambiar, y es probable que en el futuro cercano lo que hoy nos genera ingresos mañana desaparezca.

Resulta oportuno recordar el argumento del libro titulado ¿Quién se ha llevado mi queso?, por cuanto allí se aprecia claramente el destino de quien persigue el queso cuando se le mueve y de quien se queda sentado esperando que todo vuelva a ser como antes.

Ello aplica para todas las profesiones y oficios. Siempre habrán nuevas formas de hacer las cosas, ya sea más baratas o más eficientes, y si no andamos al ritmo de esos cambios normales de la economía, de la sociedad, de la cultura y de la tecnología, nos quedaremos obsoletos y sin nuestra fuente tradicional de ingresos.

Ante el cambio no hay otro camino que afrontarlo con entereza y decisión, porque si no nos adaptamos, si no aprendemos nuevas habilidades y competencias, estamos en serios problemas.

No podemos seguirnos formando al margen de lo que sucede a nuestro alrededor, pues terminaremos desconectados de las nuevas realidades.

No podemos quedarnos con lo que el pasado nos ha dejado. Debemos prepararnos para lo que el futuro nos ofrece, y ello se logra primero aceptando que todo cambia constantemente, y luego haciendo un ejercicio de reflexión y análisis sobre nuestro lugar en la nueva realidad, y a partir de allí tomar decisiones que nos ubiquen en los nuevos escenarios que nos plantea el desarrollo de la ciencia y de la tecnología.

El problema es que hay campos donde todo se mueve rápidamente y no hay mucho tiempo para adaptarse.

La adaptación se hace más compleja porque muchos cambios son imperceptibles, son pequeños cambios que pueden parecernos irrelevantes pero que sumados y con el paso del tiempo terminan generando grandes cambios, y ello exige una gran atención de nuestra parte para detectar tendencias y no ser los últimos en trabajar sobre ellas.

Y repetimos, eso aplica para todas las profesiones y oficios. Si agachamos la cabeza e ignoramos lo que está sucediendo en el entorno,  cuando la levantemos estaremos tan rezagados que pocas oportunidades tendremos de recuperarnos.

Y es preocupante ver como las instituciones de educación y formación siguen ofreciendo carreras y pensum basados en lo que se hacía hace 10 o 20 años. Cuando esas personas se gradúen estarán tan rezagadas que difícilmente encontrarán un espacio para ellos en el mercado, y si acaso lo encuentran obtendrán unos ingresos bajos.

De manera que nos corresponde a nosotros individualmente ponernos en la tarea de investigar cómo va el asunto para así mismo proyectarnos, porque si confiamos en el trabajo de las universidades terminaremos con unas competencias que fueron  útiles en el pasado y que no nos ofrecerán mayores posibilidades  en el futuro.

¿Se ha preguntado usted por qué las universidades siguen empeñadas en graduar miles de contadores y abogados cada año cuando el mercado está saturado de esos profesionales?

¿Sabe cuántas universidades ofrecen carreras relacionadas con el desarrollo de software, de aplicaciones móviles o de  inteligencia artificial, por ejemplo, que es lo que el mercado está demandando?

A las universidades sólo les interesa cobrar matrículas sin importarles en absoluto si los profesionales que están lanzando al mercado son los que el mercado necesita o no, de manera que usted tendrá la responsabilidad de investigar tendencias y trabajar por adaptarse a ellas, porque el estado y la formación tradicional van muy atrás.

Y recuerde que la tecnología no es nuestra enemiga ni nuestra competencia. Es simplemente una herramienta y dependerá de nosotros hacer buen uso de ella, de utilizarla a nuestro favor.

Es inspiradora la historia de Nokia, que nació en 1865 como una procesadora de pulpa de madera y terminó en el siglo XXI fabricando celulares no sin antes haber cambiado de productos infinidad de veces. Es una empresa que cuando lo que hacía empezaba a ser amenazado por el mercado, rápidamente mutaba y entraba en los nuevos productos que el mercado exigía.

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