Generalidades de la adopción de menores de edad en Colombia

Apartándonos de las discusiones en que si determinadas personas con orientaciones y/o tendencias diferentes están o no capacitadas y/o habilitadas para adoptar, abordaremos el tema de manera independiente, aislándonos de nuestra opinión nos centraremos más en la materia que en el espíritu de tal forma que los editoriales a desarrollar sobre el particular sean meramente objetivas partiendo del “mejor y único beneficio para el menor”, sin entrar en singularidad alguna, por lo que de la misma manera para no entrar en contradicciones nos abstendremos de participar en discusiones que sobre el particular se pudieran eventualmente promover.

Bajo este ideario, partiendo de la base que ADOPCION es la acción de ADOPTAR, comenzaremos por establecer que etimológicamente, el verbo ADOPTAR, proviene del latín adoptare, compuesto del prefijo ad (acercar, aproximar) y verbo optare (escoger), y aunque gramaticalmente siguiendo su etimología, tiene por sinónimos proteger, apadrinar, patrocinar, acoger, amparar, afiliar, ayudar, aceptar, entre otros, la primera referencia que nos pudiera orientar es precisamente la de “acercar o aproximar” quizá con el sinsabor tanto de la momentaneidad como del beneficio de selección.

Ahora bien, incursionando elementalmente en el campo de la psicología, desde la antigüedad, la adopción es considerado el método ideal para asegurar la continuidad de la familia, ya que desde el punto de vista sociocultural, la función fundamental del adulto es la de “ser padre/madre con hijos biológicos”, convicción que errada o no, da origen a la dicotomía mayor:

“…la adopción opera en función de la familia, o en función del menor…?”,

Al efecto primeramente referenciemos como en la Roma antigua, la adopción no hacía especial referencia a los niños, sino a los adultos, cuando por ejemplo, en la época de los Emperadores, estos de no encontrar al más idóneo sucesor entre sus hijos bilógicos, adoptaban como hijo, al adulto que entre los candidatos representasen dignidad, idoneidad, liderazgo y continuidad familiar.

Ahora, aunque apartándonos de tajo de importantísimos argumentos en una u otra variable, atenderemos el criterio del ICBF que a su vez recoge las orientaciones de UNICEF y la Convención Universal sobre los Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1989, en cuanto que

 "el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento",

De tal manera que, nos matriculamos con la tesis: “ la adopción opera en función del menor”.

Habíamos delimitado previa y elementalmente, como desde el punto de vista de la psicología, la adopción es considerada quizá el método idóneo para asegurar la continuidad de la familia, bien, ahora, descendiendo al intrincado mundo de las leyes y leguyeyadas, la UNICEF en seguimiento no solo de los principios adoptados en la Convención Universal de los Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1989 arrogada y ratificada por los 191 estados integrantes de la Organización de las Naciones Unidas, sino de la Convención de La Haya sobre Adopción Internacional de 29 de mayo de 1993,  ha considerado la ADOPCION como

“… una institución jurídica de orden público e interés social que permite crear, mediante sentencia rendida al efecto, un vínculo de filiación voluntario entre personas que no lo tienen por naturaleza…”

A pesar que las directrices y criterios de UNICEF no ser obligantes, si se han convenido silentemente por los países signatarios, como orientadores y apropiados para la adecuada aplicación de Convención Universal de los Derechos del Niño, que aunque aprobaba por Colombia mediante Ley 12 de 1991, ya hoy, quince años después, el Artículo 61 de la Ley 1098 de 2006, o Código de la Infancia y la Adolescencia, que derogó el “Código del Menor”, precisa:

“La adopción es, principalmente y por exce­lencia, una medida de protección a través de la cual, bajo la suprema vigilancia del Estado, se establece, de manera irrevocable, la relación paterna filial entre personas que no la tienen por naturaleza”-.

Esto es, ni más ni menos, que en virtud de lo “complicado” que para la época era el trámite judicial de adopción, amén que los jueces de familia, estaban ocupados en “otras cosas”, el Legislador Colombiano, contrario al direccionamiento mundial, rebajó la categoría de la significancia legal de la adopción, de estar mediada por sentencia judicial, a estarlo por una medida administrativa de protección, aspecto que dejaremos ahí, como tampoco entraremos en los intríngulis de “ los niños, niñas y adolescentes” con que yendo más de la ONU y la Convención Universal de los Derechos del Niño de 1989, se sub clasificó los niños o menores de edad,   retomando sin chistar, la posición oficial del ICBF :

“…En otras palabras, la adopción es el establecimiento de una verdadera familia como la que existe entre los miembros unidos por lazos de sangre, con todos los derechos y deberes que esto implica, ya que en virtud de la adopción, el adoptante se obliga a cuidar y asistir al hijo adoptivo, a educarlo, apoyarlo, amarlo y proveerlo de todas las condiciones necesarias para que crezca en ambiente de bienestar, afecto y solidaridad...”

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