¿Hasta qué punto incrementar el gasto público es válido para dinamizar la economía?

Los gobiernos han recurrido al gasto público como la principal herramienta para dinamizar la economía, en la medida en que se incrementa el consumo por este medio.

Pero valdría la pena cuestionarnos sobre si efectivamente, esa es la única herramienta de peso para hacer frente a una crisis, puesto que hay algunos aspectos que al cuestionarlos, parecen de alguna forma contradecir esta arraigada creencia keynesiana.

El asunto es que los gobiernos pretenden impulsar la economía incrementando el consumo por la vía del gasto público, sin embargo, si nos detenemos a mirar el origen de los recursos que el gobierno gastará en su propósito, vemos que en realidad todo se reduce a quitarle plata a un sector para que el otro gaste, luego, al final de cuentas no se ha hecho nada.

¿De dónde se supone que el gobierno sacará el dinero para incrementar su gasto público? Ese dinero es conseguido mediante deuda pública y mediante el incremento de la carga tributaria a los contribuyentes, y en muchos casos, esos ingresos se basan en la última opción.

Al aumentar la carga tributaria al contribuyente, lo que se hace es quitarle dinero a este para que el estado lo gaste, y el efecto sería el mismo que si el contribuyente lo gastara, lo que en buena parte desvirtúa las razones de este tipo de políticas.

Supongamos un contribuyente que tiene unos ingresos de $100 y el estado le quita $20 para incrementar su gasto público. En este caso el estado gastará $20, pero a la vez el contribuyente dejará de invertir $20, luego, el resultado final será cero.

Y si a esto le sumamos el hecho de que el estado es un pésimo gestor, concluimos que se tendrá un mayor efecto en la economía si dejamos que el gasto lo haga el contribuyente y no el estado, por cuanto el estado despilfarrará casi todos los recursos, mientras que los contribuyentes le darán un mejor uso, como la inversión privada productiva.

Esto lleva a especular que en muchos casos, el excesivo gasto público no obedece a razones macroeconómicas, sino a razones políticas o politiqueras, puesto que es propio de las democracias requerir grandes cantidades de dinero para mantenerse dinámicas, y como decía Bernie Ecclestone, amo y señor de la fórmula uno, los políticos están más ocupados e interesados por sus elecciones que por los problemas económicos de su país, y claro, los políticos siempre toman decisiones acordes con sus verdaderos intereses.

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