Inversiones offshore

El término “offshore”  es una palabra anglosajona que significa “alejado de la costa”. Este término, que parece poco ligado al mundo de las finanzas, se utiliza en el ámbito económico y de manera metafórica para designar las inversiones que se llevan a cabo en un país extranjero. Estas inversiones pueden tener forma de cuentas bancarias, fondos de inversión, pólizas de seguros, etc. En las últimas décadas del siglo XX, el término “offshore” empezó a restringirse y sólo se utilizaba para las inversiones que se hacían en un país foráneo y que ofreciera unas ventajas muy concretas con respecto al lugar de residencia. Estas ventajas concretas (como la evasión de impuestos o las leyes que protegen la privacidad, por ejemplo) se dan en los conocidos “paraísos fiscales”, pero debido a lo despectivo del término, éste se abandonó y ahora este tipo de operaciones se conoce como “centros financieros offshore”.

El alcance de este tipo de inversiones va teniendo cada vez más importancia por las ventajas que supone, si las comparamos con las inversiones tradicionales. Entre  todas las ventajas destaca la evasión de impuestos, puesto que el capital invertido en estos bancos “offshore” está exento de gravámenes. Otra gran ventaja es el alto grado de confidencialidad que se exige en los “paraísos fiscales”, otorgando una gran seguridad en la privacidad de los inversores. La libertad de inversión es otro de los motivos por los que las inversiones “offshore” resultan tan atractivas. Son territorios muy poco regulados, sin controles que impongan criterios en la inversión, sea sobre el cambio o sobre el capital. De esta forma, la inversión se hace muy fácil. Tanto, que permite al inversor participar en productos financieros que en su país de residencia sería imposible. Y como última ventaja podríamos citar la gestión de los riesgos. Al invertir en un país extranjero, con distinta moneda, se protege al inversor de los riesgos inesperados en su país. Además, el dinero puede circular libremente en estos “paraísos fiscales”, cosa difícil en los países de origen de los inversores, quienes podrían ver sus capitales limitados de movimiento por imposición del Estado.

Las inversiones “offshore” las pueden efectuar las personas que dispongan de capital para invertir. En principio, los inversores pueden participar en programas de inversión de alta rentabilidad (HYIP, que es el acrónimo de las palabras inglesas "High Yield Investment Program", es decir, Programas de Inversión de Alta Rentabilidad) desde una cifra realmente reducida (hablamos de 20 ó 30 dólares). Pero, como consecuencia del alto grado de fraude, se toma como cantidad media 1.000 ó 2.000 dólares para empezar a operar en bolsa, a través de un “broker”. Los bancos de inversión también ofrecen la posibilidad de trabajar con banca privada, eso sí, con un capital superior a 50.000 dólares e inferior a 100.000. Hay muchas opciones para participar en este tipo de inversiones “offshore”.

El primer paso para hacer este tipo de inversión se traduce en abrir una cuenta offshore, donde se ingresará capital. Hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones para hacer una buena inversión: que el banco ofrezca cuentas de ahorro, para sacar rentabilidad; que el banco tenga la posibilidad de trabajar con cuentas multidivisa, y así nos evitaremos el coste del cambio de moneda; que el inversor abra una cuenta “offshore” en el mismo momento en el que empieza a invertir y no después, porque las inversiones asequibles son las que mayor riesgo conllevan, por eso muchos de ellos optan por las monedas digitales; que se realice la inversión a nombre de una sociedad “offshore” creada para este fin. Así se gana confidencialidad y se evitan riesgos en un futuro.

Y para concluir, hay que tener cuidado con los escasos controles a los que se someten estas cuentas “offshore” ya que anima a evitar las normas y las leyes y eso puede tener unas consecuencias que provoquen un coste mayor que las inversiones realizadas.

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