¿Inyectar dinero a la clase baja o a la clase alta?

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Cuando se presenta una crisis económica en un país, la solución siempre llega, o se intenta, inyectado dinero a la economía, pero la pregunta que surge es: ¿A quien inyectarlo? ¿A las clases bajas y medias o a la clase alta?

En la mayoría de los casos se ha optado por inyectar dinero público a las clases altas, más específicamente a los empresarios, grandes empresarios y sector financiero. Muy excepcionalmente se inyecta dinero a las clases sociales bajas.

¿Por qué se inyecta dinero a unos  y a otros no? La respuesta es obvia, pero trataremos de buscar una respuesta un poco más técnica que ideológica o conspiranoica.

¿A donde va el dinero que se inyecta a unos u otros?

  • Clase baja: Consumo
  • Clase alta: inversión-ahorro

En principio, y por regla general, el dinero inyectado a las clases bajas se va directamente al consumo, sin dejar mayor efecto positivo a quien lo recibe que la satisfacción temporal de sus necesidades. El dinero inyectado alcanzará para algo de comida, algún televisor de pantalla plana, un celular de promoción y alguna que otra cerveza. En una semana el beneficiario de la inyección de dinero estará igual o peor que antes y necesitará más dinero, y así una y otra vez en un círculo vicioso sin fin.

El dinero inyectado a las clases altas, a las empresas, en teoría se utiliza para invertir en el desarrollo de las empresas o cuanto menos para horrar. En algunos casos ese dinero se destinará a la compra de algún apartamento en Miami, algún crucero por el mediterráneo o alguna botella de whisky de 50 años.

Si el dinero inyectado en las clases altas se invirtiera en lo que se supone debe ser, el efecto en la economía, en teoría debería ser más positivo que si se inyectara en las clases bajas.

Al inyectar dinero al entramado empresarial, se supone que se generaría crecimiento y se daría empleo a las clases bajas para que estas con su propio esfuerzo e iniciativa se financien sus necesidades diarias. Eso debería ser lo ideal.

Por ejemplo, en Colombia está más que probado que los billones de pesos que se hay inyectado a las personas de menores recursos en programas sociales como familias en acción, no han contribuido a disminuir la pobreza, y por el contrario en creado una  extensa red de personas dependientes que no hacen ningún esfuerzo adicional a realizar una larga fila cada fin de mes para cobrar el subsidio, al  tiempo que han creado una extensa red de corrupción política donde se ha pretendido controlar las votaciones a través de la entrega condicionada de los subsidios.

Por otro lado, hay opiniones en el sentido que el efecto de inyectar recursos a las clases bajas será igual a que si inyectara a las clases altas, por cuanto si bien  es cierto que ese dinero se destinará a consumo, así en productos banales, las empresas se verán beneficiadas con ello puesto que aumentarán sus ventas, lo que a su vez les permitirá generar empleo para poder cubrir esa nueva demanda, razonamiento que parece obvio.

Sin embargo, este ultimo razonamiento supone un problema en cuanto el tipo de sociedad y cultura que se estimula, puesto que ya no se premia el esfuerzo, la creatividad, la superación, etc., cualidades presentes en todas las sociedades desarrolladas y prósperas.

Seguramente lo ideal sería ayudar a unos y a otros en al justa medida de tal forma que se puedan conseguir los resultados esperados sin sufrir esos afectos negativos secundarios que suelen lastrar todo un país. ¿Y cuál es esa justa medida?...

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