La ética y la política

“De todas las cosas dignas de admiración que hay en el mundo, ninguna es tan admirable como el hombre”
(Sófocles)

Hernando Gil Tovar
hergil@usco.edu.co

Pueda que no exista palabra tan desgastada, anacrónica, obsoletay fuera de uso, como “ética”; y ninguna tan falta de ésta, corrupta, viciada y de poca credibilidadcomo “política”. Las dos pandemias forman parte de nuestro diario vivir y se han irradiado por las diferentes geografías de nuestro país y del mundo.

Desde el gobierno vemos que se distorsionan los aconteceres nacionales para mantener la credibilidad en un programa o estrategia de estado; los diferentes actores en conflicto distorsionan las cifras del combate, se adjudican o endilgan acciones terroristas para mostrar que se está ganando la guerra o desprestigiar al enemigo.

En las empresas se lleva la doble contabilidad buscando pagar menos impuestos, fruto de la poca credibilidad que tienen nuestro gobierno y los congresistas respecto del uso y manejo de los tributos. Esa doble faz se descubre también en personajes públicos, desde reyes y jefes de estado, hasta gobiernos enteros quienes mienten a su nación y al mundo para justificar una invasión o una acción bélica contra otro pueblo, por ejemplo.

En el campo de la actividad política vemos que quienes aspiran a un cargo público, con contadas excepciones y no por mucho tiempo, lo hacen pensando en su propio bienestar y no en la comunidad que representa; anhelando mantener y aumentar sus privilegios, mediante acumulación de poder para perpetuarse en su gloria. Por su parte los ciudadanos que le han dado su voto esperan que éste sea realmente su adalid y presente o ayude al trámite de normas y leyes benéficas para su comunidad. Aunque algunos votantes lo hagan buscando una contraprestación, llámese empleo o contrato para él o algún familiar cercano.

En el plano laboral, familiar y personal sí que nos hace falta revisar nuestros principios éticos, lo cual sería muy largo de describir en un trabajo como éste; para lo cual simplemente invito al amigo lector a hacer una introspección de lo que han sido los diferentes episodios de su vida, y como dijo Jesucristo “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Ante el panorama anterior, tan oscuro y pesimista, es bastante difícil proponer una alternativa o lanzar nuestro planteamiento; sin embargo lo intentaremos: A través de los tiempos la práctica de la ética y de la política se ha venido enfrentando y, aunque parezcan agua y aceite, pueden convivir mutuamente si sabemos definir la una con respecto a la otra; si tenemos claro nuestros objetivos y los valores que los soportan para coadyuvar a su consecución.

En el presente trabajo intentaremos aproximarnos al concepto de ética y política, pasando por la concepción de lo que es vivir bien, la libertad y el ser humano como animal político; además de arriesgarnos a presentar nuestras conclusiones respecto a los temas presentados, dada la formación y experiencia en otros campos profesionales en donde se encuentra la ética, obviamente, pero no se le ha dado el debate suficiente ni se le ha estudiado con profundidad.

Entendemos la ética como el saber vivir o arte de vivir (Sabater, 1991)[1]. El diccionario de la Enciclopedia Encarta la define como: “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana”.[2]

Como la definición anterior involucra el término moral, queremos de manera premeditada ofrecer una definición para efectos de comprensión, la cual es la siguiente: “Adj. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. f. Ciencia que trata del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia”.[3]

De acuerdo a las definiciones anteriores debemos aprender a vivir bien. El problema que surge es, en términos entonces de lo moral, establecer lo que es bueno o malo para nosotros, permitiendo además que tales preceptos rijan nuestras acciones y sirvan de fundamento para nuestras decisiones cotidianas. Además, lo que es bueno para mí pueda que no sea para los demás; lo malo parece a veces resultar más o menos bueno, y lo bueno más o menos malo. Podemos vivir de muchos modos, incluso sin el conocimiento, pero hay modos que no dejan vivir; como el de vivir en contravía de los que nos circundan, oponiéndonos a los principios establecidos en nuestro hábitat, llámese sociedad, comunidad, empresa, etc.Para poder vivir bien podemos tomar como alternativa, en términos de la doctrina cristiana, los dos más grandes y mayores mandamientos dados por Dios a los hombres, para tratar de dar una solución a la problemática que se plantea: “30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: Ama a tu prójimocomo a ti mismo.” (Marcos 12:30-31)[4].

No somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo. Somos arquitectos de nuestro destino y debemos actuar responsablemente, con discernimiento respecto a lo que nos conviene, pero sin olvidar que no estamos solos en este planeta, que mis derechos van hasta comienzan los derechos de los demás. Tenemos la libertad de intentar lo que nos plazca sin que nada tenga que ver con lograrlo indefectiblemente, pero debemos hacerlo, pues la inmovilidad operativa conduce a destinos no deseados, la desaparicióny el fracaso. Es mejor sentirnos libres de intentar cuanto queramos, cuantas veces lo decidamos; sin temor al fracaso y a los remordimientos, pues éstos provienen de nuestra libertad.

Estamos motivados a actuar por varias razones, unas exógenas, como las órdenes y las costumbres, y endógenas, como el caso de los caprichos. Las órdenes están caracterizadas por el miedo, el afecto y la confianza; las costumbres por la comodidad y la presión de los demás; mientras que los caprichos son determinaciones que se toman arbitrariamente, inspirados por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original en donde el ingenio o la fantasía rompen la observancia de las reglas.

Si queremos vivir bien debemos tener en cuenta la moral, la cual está regida por cuatro principios: el filosófico, el religioso, el humano y el político. (Sabater, 1991). [5] En el principio filosófico debemos hacer el bien por el bien mismo, por respeto a la ley. En el religioso, hacemos el bien porque es la voluntad de Dios y obedecemos por amor a Él. En el principio humano lo hacemos por nuestro propiobienestar, mientras que en el principio político, hacemos el bien por que lo requiere la sociedad.

Vivir bien y darse una buena vida es entonces una reflexión sobre los principios de la moral, por qué los consideramos válidos, cualquiera que sea nuestra postura sobre cada uno de ellos, y la comparación con otras “morales” que tienen personas diferentes. Debemos también tener presente que las personas no son cosas, y como no sabemos para qué sirven los seres humanos, es difícil decir si un hombre es bueno o malo. Como lo que poseemos nos posee y no somos puras cosas, necesitamos cosas que las cosas no tienen. (Sabater, 1991). Pero ¿qué es lo que necesitamos o realmente queremos?.

Es necesario tener conciencia clara de lo que somosy queremos ser, para luego sí definir nuestros objetivos y establecer los valores requeridos para alcanzarlos. De no hacerlo así deambularemos por la tierra como zombis o como imbéciles, como los clasifica Sabater. En su libro “Ética para Amador” [6] Sabater nos habla de los tipos de imbéciles, así: 1- El que cree que no quiere nada. 2- El que cree que lo quiere todo. 3- El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. 4- El que sabe que quiere y sabe lo que quiere, pero flojito, con miedo o poca fuerza. 5- El que quiere con fuerza, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es realidad.

En el terreno ético la libertad del individuo se resuelveen puras acciones, mientras que en política se trata de crear instituciones, leyes, formas duraderas de administración, etc. Las leyes e imposiciones de la sociedad son siempre convenciones, no caprichos ni bagatelas, impuestas por la razón; en otras palabras, por la capacidad de establecer convenciones que aceptemos voluntariamente, y no que nos vengan impuestas por la biología.(Sabater, 1999).[7] La ley se ha basado en lo que siempre se ha hecho, sin distinguir entre lo que suele hacerse y lo que queremos por unas razones u otras que se haga.

Adentrados ya en política, pasando del individuo al grupo de individuos que conforman una sociedad, debemos dar al menos una definición de ésta; concibiéndola como elarte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos; actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Sabater la define como “el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse…”

Somos seres sociables y vivimos dentro de una sociedad. La sociedad nos sirve, pero también hay que servirla, está a nuestro servicio, pero sólo en la medida en que nos resignemos a ponernos al servicio de ella. La sociedad está pensada por hombres como nosotros y para hombres como nosotros; las razones de su organización son comprensibles, aunque no todas las veces, y podemos utilizarlas para nuestro provecho.

Las sociedades de los animales llamados sociales han evolucionado hasta formar grupos para mejor asegurar la conservación de sus vidas, mientras que la sociedad de los hombres pretendemos la inmortalidad. Las sociedades humanas funcionan siempre como máquinas de inmortalidad, de las cuales recibimos símbolos vitalizantes que nos permitan combatir la amenaza innegable de la muerte. Las sociedades consisten en una serie de promesas, explícitas o implícitas, que los miembros del grupo se hacen unos a otros; y a diferencia de los animales los humanos inventamos diversas formas de sociedad, la transformamos, hacemos experimentos organizativos, repetimos los gestos de los demás y obedecemos las normas de nuestro grupo, pero también desobedecemos, nos rebelamos y violamos las rutinas y normas establecidas.

Nos preocupan los demás seres humanos aunque compitamos con ellos, nos enfrentemos unos a otros, nos tomemos en serio unos con otros y demos trascendenciaa la vida en común que llevamos. Dado que nos preocupa nuestra relación con nuestros semejantes, de igual manera los valores que compartimos y que discrepamos, nos interesa la opinión que tengan de nosotros, exigiendo que nos quieran, nos admiren, nos respeten o nos teman. Los hombres nos movemos por intereses y nunca abandonamos una práctica que produce beneficios.

La autoridad familiar es de las primeras formas sociales conocidas y muchas de ellas debieron parecerse a ésta; pues los padres son los primeros jefesa los que los humanos hemos obedecido, inicialmente por que son como dioses para sus crías pues dependen de ellos para su subsistencia. Mas tarde los padres son reconocidos por su fuerza y sabiduría. La legitimidad de la autoridad ha provenido siempre del pasado. En la sociedad, los “padres” o líderesde la colectividad tienen que ofrecer también fuerza y conocimientos para hacerse obedecer, permitiéndonos aprovechar las posibilidades de ampliación de nosotros mismos que nos ofrece la sociedad sin por ello disminuirnos personalmente más de lo indispensable.

En los grupos sociales pequeños y más primitivos solía ser la naturaleza quien determinaba la jerarquía política. En sociedades mayores fue la teología la que sirvió para justificar la existencia de castas diferentes en los miembros del grupo. Cuando los grupos se hicieron grandes y más diversas y complicadas sus actividades dentro de ellos, las desigualdades dentro de los hombres ya no dependieron exclusivamente de las aptitudes de los individuos, sino también de sus posesiones y linaje familiar.

En la democracia griega, las mismas leyes regían para todos sin ningún tipo de excepción, además de que eran inventadas por los mismos que debían someterse a ellas. Nadie estaba por encima de la ley y la ley tenía que ser obedecida por todos.Aparece entonces el Derecho como un gran aporte hecho por los romanos, en donde se establecen unas reglas de juego comunes, precisas y públicamente divulgadas para que regulen con detalle los intereses de los individuos, sus conflictos, lo que podían esperar de la comunidad y lo que la comunidad podía esperar de ellos.

Surge luego la figura del Estado como el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano, en el cual debe existir un equilibrio entre éste y el individuo. Cuando predomina excesivamente el individuo, se puede romper la armonía del conjunto social; y cuando es el Estado el que prevalece, los individuos pierden su iniciativa y la capacidad de sentirse responsables de sus propias vidas. Las divergencias de los que actúan o piensan de forma diferente a los demás no son toleradas, y cada cual se siente como una simple molécula que no tiene importancia más que dentro de la burocracia gubernamental, la cual se empeña en decidir hasta el más pequeño detalle de la sociedad.

Pero es ese Estado el que tiene la obligación de defender los derechos de los individuos, incluso por encima de los Estados mismos. Cuando defendemos los derechos humanos universales admitimos que los hombres nos reconocemos derechos iguales entre nosotros, a pesar de las diferencias entre los grupos a los que pertenecemos. Admitimos por tanto que es más importante ser individuo humano que pertenecer a una raza, nación o cultura.

El hombre es un animal político. Hay que tener ideales políticos. Las utopías cierran la cabeza pero los ideales las abren. Los ideales estimulanel deseo de intervenir y nos conservan perseverantemente activos. Los ideales políticos nunca son absolutos, nunca intentan mejorar la condición humana sino la sociedad humana. Son decididamente racionales y tienen en cuenta la experiencia histórica, loa avances científicos, las revoluciones habidas contra lo ayer tenido por sagrado e inmutable.

Como resultado del análisis anterior podemos concluir que debemos amar la libertad aunque nos dé miedo nuestra propia libertad, por la cantidad de opciones y tentaciones posibles que se abren ante ella. Debemos respetar la libertad de lo demás, así no estemos seguros de lo que pueda ocurrir y aunque el ser humano no sea previsible. Las tentaciones no se pueden combatir con más prohibiciones porque las prohibiciones las fomentan y perjudican a las personas que, empleando su libertad, son capaces de usar las cosas sin abusar de ellas.

La democracia representa el respeto a las minorías, a la autonomía personal, a la dignidad y la existencia de cada individuo. Para poder reclamar la protección democrática sobre las propias creencias y forma de vivir es básico aceptar primero la propia democracia. Lo que debe ser respetado son las personas y sus derechos civiles, no sus opiniones ni su fe. Llevémonos muy bien con lo que es la vida pero no con la vida como es. No sembremos hoy lo que no quieras cosechar mañana, que sean los medios los que justifiquen el fin, nunca el fin a los medios.

BIBLIOGRAFÍA


Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2005. © 1993-2004
Savater Fernando. Ética para Amador, Ed. Ariel. 1991
Savater Fernando. Política para Amador, Ed. Ariel. 1999
[1] Savater, Fernando.. Ética para amador. Ed. Ariel, 1991
[2] Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2005. © 1993-2004
[3] Ibidem
[4] Santa Biblia. Nueva versión internacional. Sociedad bíblica internacional, Ed. Vida, 1999
[5] Sabater concibe la moral como “El conjunto de comportamientos y normas que los que me rodean y yo, aceptamos como válidas”.

[6] Op. Cit. Pág. 3
[7] Savater, Fernando. Política para Amador, Ed. Ariel, 1999

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