La justa remuneración para el contador público está contemplada en la ley

La remuneración, que quizás el problema más grave que afrontamos los contadores públicos, es considerada como un derecho por la ley 43, quien es la que regula nuestra profesión.

En primer lugar, el artículo 39 de la ley 43 de 1990, contempla como un derecho del contador público la remuneración por su trabajo, y luego el artículo 46 de la misma ley, cuando se refiere a la remuneración del revisor fiscal, establece que la remuneración debe ser acorde a su capacidad y en relación con la importancia y circunstancia de cada situación.

Todos conocemos la realidad del contador público, que al igual que otros profesionales, es muy mal remunerado por su trabajo, y por consiguiente, no se está cumpliendo con lo que ha querido la ley.

Parece que hace mucho rato en Colombia se dejó de remunerarse al contador público en función de sus conocimientos y experiencia, o de su gran aporte al cliente. Hoy, en la mayoría de los casos, se pagan sueldos que no cubren ni las necesidades normales como lo contempla la ley 43 de 1990, ni mucho menos las expectativas de cualquier profesional.

El contador público, por su responsabilidad frente a la sociedad debido a su facultad y obligación de dar fe pública sobre innumerables hechos y situaciones, debe ser correctamente remunerado, pues de lo contrario, algunos profesionales podrán verse en la necesidad de no ser tan estrictos en el cumplimiento de sus obligaciones, lo cual indudablemente tiene un efecto negativo en la sociedad.

La remuneración justa para el contador es tan importante socialmente, que la misma ley [Código de comercio, artículo 215], consciente de la necesidad que el contador tiene de dedicarle el tiempo y esfuerzo suficiente a sus labores, limitó a un máximo de 5 revisorías por cada contador, por lo que el artículo 46 de la ley 43 de 1990, debe interpretarse en concordancia con el artículo 215 del código de comercio, puesto que por un lado, el código de comercio limita el número de revisorías, y por otro lado la ley 43 propende por una remuneración justa.

Precisamente, debido a la injusta remuneración que recibe el contador, se ve obligado a tener que llevar infinidad de contabilidades, existen algunos colegas que pueden llevar 20 0 30, razón por la cual su aporte al cliente es mínimo, puesto que no dispondrá de tiempo suficiente para ofrecer un servicio de calidad a cada uno de sus tantos clientes.

Algunos contadores públicos llegan a esta situación precisamente por la necesidad económica, puesto que las empresas no están dispuestas a pagar lo justo.

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Una opinión
  1. Carlos Mar dice:

    Interesantes los artículos referidos a la remuneración del Contador Público. Quizás las manifestaciones del autor logren despertar la conciencia de miles de colegas que le hacen juego al “dichito” que anda por ahí haciendo veloz carrera: “Los Contadores Públicos cobramos con la barriga”.

    Conocido es que la Contaduría Pública recibe sobre sus hombros el peso de todas las responsabilidades codificadas en nuestros compendios legales: social, pecuniaria, disciplinaria, administrativa, civil y penal. Lo lamentable es la pléyade de colegas que, o bien no conocen, o bien desprecian estas realidades y terminan cobrando limosnas por las responsabilidades que asumen. No hace más de tres o cuatro años, un sinvergüenza de estos, tuvo la coraza de publicar en el diario El Tiempo un aviso publicitario ofreciendo sus servicios en época de renta de personas naturales. El mentado aviso decía sin ningún asomo de dignidad: “Su declaración de renta, a domicilio, $30.000…”. El sujeto publicaba su teléfono y correo electrónico. Lamentablemente perdí el avisito, el cual circulé entre mis estudiantes como ejemplo de lo que era violar la ley 43 de 1990, en cuanto hace referencia a la obligación de dignificar la profesión y respetar el colegaje.

    Estas situaciones no cambiarán, en cuanto persistan indignos que actúan de vulgares “firmones” de cuanto documentos les coloquen sobre el escritorio. Contadores que no acumulan la mínima idea de un proceso contable. Revisores Fiscales que resultan asediando y acosando groseramente a sus colegas por errores inexistentes o visiones personales que desconocen aquello de la materialidad o la esencia sobre la forma. Igual, son los mismos revisores fiscales que en la competencia por un nombramiento, le ofrecen al cliente, entre sus “valores agregados”, preparar y entregar los manuales de control y procedimiento del Negocio. Que tristeza!!! Que vergüenza!!! Que despropósito!!! Que irresponsables!!!

    Al cliente, que poco le interesa el riesgo del profesional, pues finalmente lo mueve, no la responsabilidad que asume el Contador, sino la tarifa más baja, con el supuesto mayor valor agregado.

    Ni soñemos con contar con una actitud solidaria y de avanzada de la Junta Central de Contadores. Si vamos a las verdades históricas, son más las labores de “cacería” sobre los Contadores Públicos, que las de apoyo al desarrollo y crecimiento digno de la profesión. Lejos estamos de salir de las gradas de abajo, en la escala social de las profesiones en Colombia. de la Contaduría Pública se hace hasta vulgar caricatura hasta en novelas de televisión y bien conocido es el hecho de que estas realidades pesan mucho sobre la conciencia colectiva. Ejemplos los constituyen las siguientes referencias:
    1) ¿Ha planteado usted, a un niño, la sempiterna pregunta:”…Y tu, qué quieres hacer cuando grande…?
    No se extrañe cuando el pequeño le responda: doctor, ingeniero, policía, astronauta, abogado, soldado, científico, bombero o doctor de animales, entre otras. Apuesto que nunca le han respondido Contador Público.
    2) ¿Ha escuchado usted a las madres casamenteras cuando consideran que sus hijas se encuentran en edad de ir buscando el hombre para el resto de su vida? Seguramente ha escuchado algo parecido a esto: “…Mijita, usted tiene que casar bien… el hombre con el que usted se case ha de ser médico, ingeniero, abogado, arquitecto, senador (para las de espíritu cercano a la corrupción)…” entre otras. Apuesto que, al igual que yo, nunca ha escuchado a una de esas madres, preocupadas por el porvenir de sus hijas, recomendarles un matrimonio con Contador Público alguno.

    El asunto, además de la mala remuneración, generada en buena parte por la indignidad y la falta de vergüenza de miles de colegas (si así se pueden llamar), es la falta de reconocimiento de la Contaduría Pública dentro de la escala social de las profesiones en Colombia. estamos en el sótano y de allá nadie nos ayudará a salir, menos cuando los que pretenden apoderarse de nuestras facultades (abogados, economistas, administradores de empresas…) saben con sobradas razones, que no nos aguantamos entre nosotros mismos. Cierto lo dicho por el articulista: Para un Contador Público, nada peor que otro.

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