La mala fe del empleador como fuente de la indemnización moratoria

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El Artículo 65 del Código Sustantivo del Trabajo le impone al empleador la obligación de cancelarle al trabajador a la terminación del contrato de trabajo la totalidad de los salarios y prestaciones sociales adeudadas. Y eso es necesario entenderlo así pues dicha norma indica que si el vínculo jurídico se extingue  y el empleador no cancela dichas acreencias deberá pagarle al trabajador  la indemnización moratoria que la misma norma señala.

De ese modo, la norma presume que el empleador que no le cancela al trabajador sus acreencias laborales a la terminación del contrato de trabajo obra de mala fe,  y por tanto le atribuye la obligación de pagar la indemnización moratoria.

Consulte: Así se liquida la indemnización moratoria.

Ahora bien, la Sala laboral de la Corte suprema de justicia ha sostenido de manera reiterada que dicha indemnización no es de aplicación automática, es decir que no basta con que se dé dicho incumplimiento para que opere la imposición de la indemnización, sino que en cada caso el juez deberá analizar las explicaciones entregadas por el empleador, a efectos de establecer si el obrar de éste estuvo revestido de buena o mala fe. Esto quiere decir que el empleador que pretenda que el juez lo exonere de tal carga deberá demostrarle que su omisión o mora en el pago de las acreencias laborales  estuvo asistida de buena fe, o sea que tendrá que desvirtuar la referida presunción.

Hasta aquí el asunto es pacífico, o sea que no ofrece mayores dificultades. La situación se vuelve un poco álgida cuando se trata de precisar y dimensionar el alcance del concepto de mala fe.  Algunos consideran que la mala fe es equivalente al dolo. Con esa teoría el empleador sólo podría ser condenado a pagar la indemnización cuando sea evidente que obró con la intención de perjudicar al trabajador. Recordemos que El dolo, según la definición del último, inciso del artículo 63 del Código Civil, "consiste en la intención positiva de inferir injuria a la persona o propiedad de otro". Otros entienden la mala fe como actitud maliciosa, temeraria, que denota un propósito de engañar a la otra parte en un acuerdo.

Para la Corte Constitucional “la mala fe es el conocimiento que una persona tiene de la falta de fundamento de su pretensión, del carácter delictuoso o cuasidelictuoso de su acto, o de los vicios de su título”.

De todas maneras, para  los efectos del Art. 65 del Código Sustantivo del Trabajo, la mala fe no se limita a la presencia del dolo en la omisión o mora en el pago de los salarios y/o las prestaciones sociales, ni a las actitudes temerarias, maliciosas o engañosas de parte del empleador, sino que comprende también otros factores, tales como la indiferencia por los derechos del trabajador, la apatía, la dejadez, el desinterés, y  la negligencia que muestra el empleador frente al asalariado al mantener al garete su derecho al pago de tales acreencias. Ver sentencia 41782 del 30 de agosto de 2011 de la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia. M. P. Dr. Francisco José Ricaurte.

Lo anterior quiere decir que no será estrictamente necesario que el juez encuentre que el empleador actuó con el deliberado propósito de perjudicar al trabajador o que su actitud fue maliciosa, temeraria o engañosa  para que pueda condenarlo a pagar la indemnización moratoria, sino que para esto  le será suficiente con que encuentre que en ese caso el empleador obró con desidia, dejadez, incuria apatía, indiferencia o desinterés.

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