La tarjeta de crédito debe ser sólo para emergencias

Por salud financiera la tarjeta de crédito debería ser utilizada exclusivamente para cubrir emergencias, más no para gastos comunes y corrientes, pues ello supone un alto costo por un beneficio o una satisfacción personal que en la mayoría de los casos pueden ser prescindibles.

Todo lo que no sea esencial debería ser comprado en efectivo, de contado, y si no tenemos dinero, entonces lo mejor es no comprarlo, al fin que el sacrificio será esperar unos días más mientras se obtienen los recursos necesarios.

¿Para qué comprar un televisor nuevo con la tarjeta de crédito? ¿Acaso no podemos esperar uno o dos meses para estrenar televisor? Seguro que podemos vivir cómodamente sin esos productos de lujo.

Con el uso de la tarjeta de crédito estamos adelantándonos a nuestra capacidad de pago. Nuestro bolsillo nos dice que en mayo no podemos comprarnos el nuevo iPhone, pero irracionalmente decidimos que con la tarjeta de crédito no hay necesidad de esperar hasta junio para comprarlo, aunque tengamos que pagar intereses a tasa de usura.

Es cuestión de disciplina, de entender que no hay mucho mérito en anticipar el disfrute y la satisfacción de una compra por apenas unos meses, a costa de un elevado costo financiero.

La tarjeta de crédito cobra sentido cuando se nos presenta una emergencia que compromete nuestro bienestar o nuestra salud, por ejemplo.

¿Qué mañana no tenemos con qué comer? Esa es una necesidad inaplazable que no podemos dejar para el próximo mes. Ese el tipo de necesidades que se deben cubrir con la tarjeta de crédito.

Cuando hacemos compras no prioritarias con la tarjeta de crédito, nos exponemos a que cuando ocurra una emergencia no tengamos con qué cubrirla, y luego no tendremos con qué pagar las cuotas de la tarjeta y puede que tampoco tengamos con qué comprar comida o medicamentos.

Con la tarjeta de crédito podemos disfrutar hoy lo que mañana podríamos disfrutar pagando de contado, y el gusto de hoy no será tan grande como el disgusto de mañana cuando haya que pagar la cuenta y no tengamos con qué.

Y es que emocionalmente no se disfruta igual un producto que se adquiere con una deuda que no nos deja dormir, a uno que se adquiere sabiendo que es nuestro y que no tendremos que preocuparnos por deuda alguna el día de mañana, de modo que desde el punto de vista emocional tampoco se justifica la utilización de créditos para satisfacer caprichos o necesidades no prioritarias.

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Una opinión
  1. Carlos Arturo Yepes Serna dice:

    Es importante esta notificación social, el mal uso de la tarjeta crédito nos conduce a muchos problemas de la pacidad de endeudamiento financiero y podemos ser inmersos en el campo de la responsabilidad civil con los particulares que no tienen acceso al cobro de los altísimos intereses, pero si a las demandas como efecto indircto.

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