Libre mercado a la medida de los grandes

El libre mercado que defienden los liberales y neoliberales, supone una mínima intervención del estado, puesto que se supone que el merado se regula a sí mismo, pero parece que de alguna forma, el libre mercado cuando se trata de los grandes, no es tan libre.

El libre mercado propicia la competencia, o como  diría Charles Darwin, propicia la selección natural, esto es, que solo sobreviven los más competentes, luego, quien sea ineficiente, quien sea incompetente, es expulsado del mercado, y lógicamente, el estado no debe intervenir, puesto que son la reglas del libre mercado.

Y en efecto así había sucedido hasta nuestros tiempos. El libre mercado llevó a que muchas empresas se quebraran mientras las multinacionales se fortalecían, por cuanto según la teoría darwinista contenida en el libre mercado, no hay lugar sino para los mejores, algo que se aceptó como normal.

Un ejemplo cercano fue lo que sucedió en Colombia desde la década de los 90 cuando el presidente Gaviria inició la famosa apertura económica. Desde esa época, miles de empresas se fueron a la quiebra porque fueron incapaces de competir con las multinacionales y los monopolios colombianos, y  claro, el gobierno no hizo nada para ayudar esas empresas, puesto que así funciona una economía de mercado; quien no sea capaz, o se sale o lo sacamos,  y punto.

Lo curioso, es que cuando quienes resultaron ser incompetentes fueron las grandes empresas, como las multinacionales estadounidenses y los enormes bancos colombianos, no se aplicó la ley del libre mercado según la cual, sino no eran eficientes tenían que ser expulsadas como en el pasado se expulsaron decenas de miles de empresas medianas y pequeñas. En este caso, tratándose de grandes empresas, el libre mercado se fue al carajo y salió el estado a darles la mano para que no quebraran, algo que no hizo cuando quienes quebraron fueron los chicos.

Queda claro que algunas teorías el libre mercado sólo fueron vigentes en la medida en que beneficiaba a los grandes y perjudicaba a los chicos, pero en el momento en que los perjudicados fueron los grandes, perdieron vigencia, ya no valían, lo cual por lo menos resulta paradójico.

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