Lograr que el juez condene al empleador al pago del trabajo suplementario o de horas extras es una verdadera hazaña

La ley laboral establece a cargo del empleador la obligación de solicitar al Ministerio de Trabajo autorización para que sus trabajadores puedan laborar en tiempo extra. La razón es clara: exceder la jornada ordinaria de trabajo conlleva para el trabajador un franco desgaste adicional de su capacidad laboral y un potencial perjuicio para su salud y su convivencia familiar.

De la misma manera, la ley dispone que el empleador debe llevar diariamente un registro del trabajo suplementario de cada trabajador, en el que se especifique su nombre, edad, sexo, actividad desarrollada, número de horas laboradas, indicando si son diurnas o nocturnas, y la liquidación del recargo correspondiente.

Pero la ley va más allá y señala que el empleador está obligado a entregar al trabajador una relación de horas extras laboradas, con las mismas especificaciones anotadas en el libro de registro.

Pues bien, podría decirse que las anteriores exigencias no pasan de ser un catálogo de buenas intenciones del legislador, dado que son muy pocos los empleadores que las cumplen.

Y ese incumplimiento de parte de los empleadores contribuye en buena medida  a que en un eventual proceso judicial  el trabajador no tenga cómo probarle al juez el trabajo suplementario laborado durante la relación laboral.

Y si bien es cierto ese trabajo adicional puede teóricamente probarse por cualquier medio probatorio aceptado por la ley, vale decir el testimonio, la confesión, etc., pues la ley no exige para esos efectos un medio de prueba específico, el esfuerzo que tiene que desplegar el apoderado del trabajador para llevarle al juez la información que éste requiere para impartir condena por ese concepto, es una verdadera hazaña.

Así, ante  a la ausencia de registros documentales sobre el trabajo de horas extras, la única opción que le queda al abogado es acudir al interrogatorio de parte y a la prueba testimonial. El interrogatorio de parte  pocas veces resulta efectivo para esos fines, pues el empleador generalmente llega a la audiencia   dispuesto a negar el trabajo adicional que se le está cobrando. De esa manera, al apoderado del demandante sólo le queda una carta: las declaraciones de los testigos. Y es allí donde generalmente se ahogan sus expectativas, pues el operador judicial requiere de una información completa, detallada y precisa, la cual los testigos difícilmente podrán entregar, sobre todo cuando el horario de trabajo ha sido variable.

Como es de rigor cuando se reclama el pago de horas extras, en la demanda se señalan las horas de entrada y salida del trabajador. Sin embargo, al interrogar a los testigos sobre el horario que cumplía el trabajador, la mayoría de las veces las respuestas de éstos difieren entre sí y con el señalado en la demanda, lo cual lejos de llevarle certeza al juez lo llena de incertidumbre.

Y como es apenas natural, esa incertidumbre le impide al juez proferir condena por tal concepto.

Para terminar, vale anotar que la única consecuencia que prevé la ley para el empleador que omite entregarle al trabajador el duplicado del registro de las horas extras laboradas por éste, es la revocatoria de la autorización que le había sido conferida por el Ministerio de Trabajo para que el trabajador o sus trabajadores  pudieran laborar horas extras.

Como se ve, a esa disposición de la ley  le falta  “dientes  y uñas”.

Contenido relacionado:
Compartirlo
Gerencie.com en su correo.

Suscríbase y nosotros colocaremos en su bandeja de entrada la mejor información que generamos diariamente.

Déjenos su opinión

En Gerencie.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc., pero debe hacerlo sin insultar y sin ofender a otros.

Información legal aplicable para Colombia.