Métodos de Investigación Jurídica

Globalización

Por Miguel Angel Lacayo Zepeda

Antes de referirnos a un tema, tenemos que remontarnos al tratamiento de el, lo que con lleva a un análisis del titulo. Por lo que hacemos referencia a la pregunta generadora.

¿Que es la globalización?

La globalización es un proceso de carácter económico  mediante el cual un núcleo social planetario llámese, país, ciudad, estado, provincia, comunidad sufre de una serie de  procesos, los cuales  dan paso a cambios de organización y estructuración política, social, ambiental, cultural, religiosa y humana. Esto se da a finales del siglo XX cuando los países como china establecen estrategias de alianzas con sus países dándose un nuevo orden arancelario (Tarifa oficial que determina los derechos que se  han de pagar en impuestos, por importaciones como en exportaciones). En materia de Derecho son los derechos y deberes que tiene el Gobierno para proteger a las pequeñas y grandes industrias, agricultores, negocios, entre otros de empresas extrajeras con mayor capacidad de inversión “eso en teoría”. Son las políticas de proteccionismo las cuales persiguen un equilibrio con los demás países.

Derecho

De la globalización

Cada país tiene sus propias de las leyes y sus respectivos apartados, las cuales se rigen por sus decretos, artículos y normas entre otros. En  este proceso de globalización  las leyes son respetadas  de acuerdo al marco de leyes internacionales las cuales hacen respetar la soberanía de cada país, en algunos casos por acuerdos de sus lejislantes y acuerdos internacionales se alteran algunas o crean nuevas, siempre en la medida de obtener el beneficio. Se alteran estas leyes para otorgar mayor números empleos, mayores divisas para el país, atrae invercionismo extranjero, apertura comercial, aumento tecnológico por medio de compras, mayor demanda de Profesionales como materia prima, Educación, Culturalizacion, entre otros, o  proteccionismos  para la sociedad. En nuestra constitución política  muchas leyes nos permiten tener regulados muchos aspectos tales como la ley de impuestos generales sobre la ventas y su reglamento lo cual en su articulo 1º establece un impuesto sobre le valor agregado en la venta de mercancías y en la prestación de servicios. Así como sus otros artículos donde preveen de los castigos que sufrirán las personas físicas como jurídicas, nacionales o internacionales si no acatan la ley lo cual nos pone en una buena posición ante la goblalizacion que es poseer un marco jurídico propio y toda una estructura Gubernamental y legislativa en un proceso de cambios. Pero escudriñando un poco y tomando nota de lo que a pasado con este proceso que actual mente vivimos en nuestro pais observamos que los países que no han ajustado a este cambio tienen problemas como lo son la emigración, lo cual en Costa Rica no es un fenómeno muy distante ya que la mano de obra tica la que era empleaba para las recolectas de Café ya no esta presente y no es por que se allá sido desplazada si no por que nuestra sociedad nos dice que ya  no estamos hechos para ese tipo de trabajos los cuales son suplidos por obra de mano Nicaragüense y es en este marco donde surge el conflicto ya que muchas de estas personas y sus derechos no son validados, por motivos que son de fuerza mayor como el no ser legales, por lo tanto no ahí responsabilidad patrona en caso de contratarlos, no conocer las leyes del país a emigrar, discriminación o xenofobia, son sometidos trabajar mas horas fuera del las establecidas por ley que son ocho horas  por cada día, trabajos extras de un mismo patrono en días de descansos,
Esto también ocurre a miles de kilómetros de nuestro país en Estados Unidos con sus políticas en diversos estados hacia los emigrantes.

Historia de la globalización

En la antigüedad, los mercaderes transportaban los bienes más exóticos y caros a través de largas distancias. Las caravanas llevaban la seda china al Imperio romano, y durante la edad media los árabes vendieron marfil de África oriental y especias de Indonesia a los comerciantes de Venecia. De todas maneras, hasta el año 1500 el comercio a larga distancia jugó un papel económico poco importante en algunas partes del mundo, y casi toda la población se suministraba de alimentos y fibras cultivados a escasa distancia de sus hogares.

Una verdadera economía global se empezó a desarrollar en el siglo XV, con la era de los descubrimientos, cuando el esfuerzo político y militar de naciones emergentes y los avances en las técnicas náuticas posibilitaron a los mercaderes europeos establecer una red comercial por todo el mundo. Los europeos levantaron colonias, plantaciones esclavistas y puertos exportadores en regiones tropicales para el cultivo de productos imposibles de conseguir en Europa, como azúcar, tabaco, café y especias. Los europeos también se apropiaron de áreas de América del Norte y Siberia por sus pieles y abundante madera.
Durante el siglo XIX, la industrialización en Europa y América del Norte incrementó el volumen y la importancia del comercio internacional. Los países desarrollados importaban materias primas y alimentos de todo el mundo, y exportaban bienes manufacturados. Debido a que los propietarios de los negocios en los países industrializados retenían los beneficios generados por el comercio y la manufactura, las gentes de otras partes del mundo no podían proveerse de la tecnología necesaria para competir con las industrias de Europa y América del Norte. Sin esta nueva tecnología, continuaron vendiendo materias primas y adquiriendo bienes manufacturados. La principal excepción a este mecanismo fue Japón, cuyo fuerte gobierno protegió a los productores locales de la competencia foránea y encaminó el capital del país hacia el sector industrial. En el siglo XX, el mundo estaba dividido en dos partes desiguales: los países industrializados y el resto del mundo, donde los primeros dominaban económica y militarmente.

En el siglo XX, ciertos nuevos desarrollos aceleraron la vía de la globalización y fortalecieron los lazos económicos entre los países. Uno de los cambios más importantes se debió a la bajada de los costes de transporte, posible por la disponibilidad de combustible barato. Otro desarrollo clave fue el surgimiento de más y más empresas multinacionales, o corporaciones con operaciones económicas en más de un país. Un tercer factor que ha promovido la globalización ha sido la creación de instituciones económicas internacionales, como el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD, integrado en el Banco Mundial), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización Mundial del Comercio (OMC), para ayudar a regular el flujo comercial y monetario entre las naciones. Por último, los avances en las telecomunicaciones y en la informática han facilitado mucho a los empresarios la gestión económica coordinada entre las divisiones corporativas, los clientes y los vendedores en diferentes partes del mundo.

Globalización y desarrollo

Los países en vías de desarrollo de Centroamérica, América del Sur, África y Asia exportaban materias primas y cultivos comerciales (para su venta al otro lado del océano), y compraban bienes manufacturados. La gente de esos países cubría sus necesidades diarias mediante una agricultura de subsistencia y la manufactura a pequeña escala. Poco a poco, su población se hizo cada vez más dependiente de la economía global, porque las manufacturas locales no podían competir con los baratos productos industriales exportados por las naciones desarrolladas (de Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón). Para reducir su dependencia, numerosos países en vías de desarrollo intentaron fortalecer sus economías creando industrias, obras hidráulicas y carreteras entre los años sesenta y setenta. Algunos impusieron altas tarifas aduaneras y otras barreras comerciales con el fin de proteger a su industria de la competencia de las manufacturas importadas. Sin embargo, los gobiernos, con frecuencia, efectuaron unas inadecuadas elecciones financieras; los proyectos de infraestructura hidráulica y para el tráfico rodado, a menudo, excedieron las necesidades locales; los intereses de los dirigentes políticos prevalecieron, en ocasiones, sobre los del país en cuestiones industriales; y la protección comercial degeneró en la producción de bienes de peor calidad. Como consecuencia, estos productos no podían competir en el mercado mundial con los de los países industrializados, de mayor calidad. Así, numerosos países en vías de desarrollo tenían ingresos reducidos con los que pagar los créditos pedidos para sufragar su expansión.

Un número reducido de países tuvo éxito en su camino hacia la industrialización durante el siglo XX. Los más notables fueron Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong (RAE). Al igual que Japón en el siglo XIX, establecieron tasas aduaneras y otras barreras para proteger los productos locales de la competencia foránea e invirtieron en desarrollo industrial. Como Japón, se centraron en la venta exterior de sus productos para crear riqueza en sus países. A finales del siglo XX, algunos expertos consideraron a esas economías más bien como desarrolladas que en vías de desarrollo, aunque Corea del Sur ha sufrido un fuerte revés por la crisis financiera de 1997. Siguiendo pautas similares, China ha avanzado rápidamente gracias a un fuerte crecimiento de la exportación de sus manufacturas industriales a finales del siglo XX.

Mientras tanto, las multinacionales del mundo desarrollado se asentaban en ciertos países en vías de desarrollo, donde la mano de obra era barata, en especial en el Sureste asiático, Centroamérica y América del Sur. Estas plantas generaban pocos beneficios a largo plazo para las economías locales. Los beneficios salían del país hacia los accionistas multinacionales. Además, los países en vías de desarrollo se vieron forzados a participar en una "subasta a la baja" para atraer al capital multinacional inversor. Si un país en vías de desarrollo o su población exigían mayores salarios, mejoras en las condiciones de trabajo o en la protección ambiental, las multinacionales a menudo trasladaban la producción a otro país con menores costes.

A finales del siglo XX, numerosos países en vías de desarrollo, en especial en África, todavía carecían de un sector industrial fuerte. Estas naciones continuaban con la exportación de cultivos comerciales y materias primas, cuyos ingresos les permitían importar los bienes manufacturados y servicios de los que carecían. Un énfasis en la exportación de esos productos provocó incrementos en la producción. Con las mejoras en el transporte, los países comienzaron a competir en la venta de los mismos productos, por lo que más bienes y una competencia creciente hundieron los precios. Este ciclo perpetuó la pobreza.

Ante la imposibilidad de atraer la inversión y de pagar las importaciones, numerosas naciones deudoras apelaron al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional en las décadas de 1980 y 1990 para ampliar los plazos de amortización de los créditos y solicitar otros nuevos. Como contrapartida, estos países debían presentar un plan de reforma que incluyera programas de privatización y una reducción de los gastos públicos. Estas medidas tendían a asegurar el pago de la deuda, pero fueron, a menudo, penosas.

La globalización de la agricultura

Con el desarrollo de la refrigeración y el abaratamiento del transporte a larga distancia a finales del siglo XX, cada vez son más numerosos los agricultores que compiten en el mercado global. La harina de panificación, por ejemplo, puede provenir de trigo cultivado en América del Norte, América del Sur, Europa o Australia, indistintamente, con las premisas de buena calidad y bajo precio. Con tractores y otros medios mecánicos, un agricultor puede producir igual que docenas de trabajadores manuales. Esto hace posible que la agricultura mecanizada de América del Norte, Europa y Australia, donde los costes laborales son elevados, venda más en el mercado mundial que los productores a pequeña escala de los países en vías de desarrollo, con menores costes de mano de obra. Además, los países desarrollados, en especial los Estados Unidos, exportan excedentes agrícolas —básicamente trigo, con dificultades para su cultivo en los países de clima tropical— a países en vías de desarrollo de África y otros lugares, con fuertes subsidios o incluso gratis, como ayuda alimentaria.

En el ámbito local, los cultivos alimentarios no pueden competir con esas baratas importaciones de alimentos. Los cultivadores a pequeña escala de muchos países en vías de desarrollo, incapaces de sobrevivir, se vieron obligados a vender sus tierras a productores mayores que podían afrontar la mecanización. Otros, redujeron los cultivos destinados al mercado local en beneficio de productos comerciales, como bananas, café, cacao y caña de azúcar, que no pueden ser cultivados en los climas más fríos de los países industrializados. Por ello, fueron numerosos los países en vías de desarrollo, en especial de África, que pasaron a depender de los alimentos importados.

La globalización de la industria y los servicios

A finales del siglo XX, los departamentos de investigación, desarrollo, comercialización y gestión financiera de una empresa no precisaban localizarse en el mismo lugar o, incluso, en el mismo país. El incremento de las actividades terciarias o de servicios dominaba la economía de los países más desarrollados, mientras que la industria perdía importancia. Con el fin de reducir costes, las compañías trasladaron algunas labores de manufactura a países en vías de desarrollo, donde los salarios eran inferiores. Esto ocurría especialmente con las actividades dedicadas al textil o al ensamblaje de piezas.

Otras actividades continuaban realizándose en los países desarrollados, porque requerían una mano de obra especializada o una proximidad al mercado. Como ejemplos, cabe citar todas aquellas ligadas a la sanidad, los servicios financieros, la venta al detalle, la ingeniería y el software, consideradas actividades de servicios. Este sector crecía en importancia en las economías desarrolladas de América del Norte, Europa, Australia, Nueva Zelanda y Japón, mientras que la industria lo hacía con rapidez en los países en vías de desarrollo. Las clases de manufacturas que permanecían en los países más desarrollados incluían la construcción, el tratamiento de alimentos y actividades tecnológicas que comprendían la maquinaria o la elaboración de ciertos productos químicos.

Muchos de los países desarrollados se agruparon formando grandes bloques comerciales, o uniones económicas, para promover su prosperidad mutua. Como ejemplos, cabe mencionar a la Unión Europea (UE) y a la zona de libre comercio establecida por el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC). Estos bloques comerciales ampliaron así sus áreas de mercado, dentro de las cuales las compañías podían operar sin tasas aduaneras u otra clase de barreras.

Un mundo único

Los hechos acontecidos en un país pueden repercutir en cualquier otro lugar del mundo. Como muestra, a finales de la década de 1990, una notable recesión económica en Japón se difundió al Sureste asiático. Los países de esta región contaban con los bancos japoneses para hacer crecer sus economías y con sus consumidores, que constituían un mercado fundamental para sus productos. La recesión obligó a los bancos japoneses a restringir sus inversiones y compras, lo que hizo vacilar a otras economías asiáticas. Además, otros inversores extranjeros se asustaron y retiraron sus capitales del Sureste asiático, por lo que miles de tailandeses, indonesios y de otros países vecinos perdieron sus empleos al contraerse sus economías.

Mientras tanto, la economía de los Estados Unidos crecía constantemente. A la vez que caían las economías asiáticas, sus monedas perdían valor frente al dólar estadounidense y sus exportaciones eran más competitivas. Numerosas compañías asiáticas buscaron mejorar sus resultados mediante la exportación de bienes a los Estados Unidos, y, a finales de años noventa, los consumidores estadounidenses adquirieron numerosos productos asiáticos baratos. Esto terminó por resultar positivo para los inversores y trabajadores asiáticos, que confiaron en el poderoso mercado estadounidense para sanear sus hundidas economías. De hecho, en 1999, la larga recesión japonesa dio señales de finalizar.

Sin embargo, estas aparentes buenas noticias tuvieron su aspecto negativo. La economía japonesa en crecimiento atrajo inversores extranjeros que alzaron el valor del yen japonés frente al dólar y, con ello, el precio de los bienes japoneses en los mercados internacionales. Un yen poderoso trajo dos peligros. Primero, que las exportaciones japonesas fueran demasiado caras, posibilitando una caída de sus ventas y una nueva recesión en Japón. Segundo, que mientras los bienes japoneses subían su precio en dólares, el peligro de inflación en los Estados Unidos aumentaba. Una creciente inflación en los Estados Unidos conllevaría el incremento de la tasa de interés y provocaría una caída de la bolsa, deteniendo su expansión económica. Si flaqueara la economía estadounidense, sus efectos negativos afectarían a inversores y exportadores de todo el planeta.

Por todo el mundo, tanto los países ricos como los pobres se han vuelto más interdependientes económicamente y se enfrentan a problemas que afectan a todos ellos. El último ejemplo de un reto conjunto es el ecológico. Altos niveles de consumo y un desarrollo económico muy rápido han provocado graves impactos medioambientales, como el agotamiento de los recursos, la contaminación y la transformación de los hábitats naturales para su aprovechamiento económico. A largo plazo, el éxito de la globalización depende de su habilidad para llevar la prosperidad económica a toda la población mundial sin originar mayor daño ambiental.

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