Mis deseos son órdenes

Cuando un empresario como Luis Carlos Sarmiento o lo señores Santodomingo, hacen una sugerencia al gobierno, pareciera cumplirse eso de que “Mis deseos son órdenes”.

Y es que precisamente bastó con que el señor Luis Carlos Sarmiento opinara que el impuesto al patrimonio se debería acabar y que la guerra fuera financiada por todos los colombianos y no por ellos, los empresarios, para que el gobierno públicamente considerara que buscaría la forma de eliminar el impuesto al patrimonio, tal como lo desea el señor sarmiento. Y así se hará.

Pero este no es el único caso, pues en el más reciente paro judicial, bastó que un gran banquero sugiriera la declaratoria de la emergencia judicial, para que el gobierno en dos días expidiera el decreto con el que se hacían realidad los deseos de los empresarios.

Es indiscutible el poder de influencia que tienen los grandes grupos empresariales, pues no se puede explicar de otra manera la sumisión del gobierno frente a opiniones e intereses de estos personajes. De allí lo que ha discutido y aprobado en las diferentes reformas tributarias…

Qué bueno sería que los empresarios, con el poder de que ostentan, se preocuparan por implementar políticas que busquen mejorar la competitividad empresarial, no solo de sus empresas sino del sector en general.

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